Monthly Archives: August 2014

¿QUÉ DEBE SABER UN NIÑO A LOS 4 AÑOS?

Todos debemos saber que el éxito económico de un país radica en la calidad de su sistema educativo. Un sistema eficiente y bien coordinado desde el preescolar hasta la universidad. México es el país que más invierte en educación en Latinoamérica (arriba del 6%) mucho más que China o Singapur, y sus resultados dejan mucho que desear, ya que desde hace más de una década estamos en el último lugar de las pruebas académicas PISA aplicadas por la OCDE.

El problema de nuestro sistema educativo es que definitivamente está mal enfocado. En múltiples análisis entre los sistemas educativos de México y Finlandia se ha encontrado que la diferencia radica en que el sistema educativo mexicano está centrado en el conocimiento mientras que el sistema educativo en Finlandia está centrado en la persona. En México buscamos llegar a los mejores resultados académicos por encima de los niños. No importa si un niño llega al colegio “buleado” o con hambre o víctima de exclusión, o no sabe trabajar en equipo, debe aprender y lograr buenos resultados, ya que solo así el “colegio” puede exhibir en su acceso que es el mejor del estado o del país, en una u otra prueba… o debido a que si los resultados son buenos, el docente va a ganar mucho más.

En Finlandia es diferente, para ellos es mucho más importante trabajar la autoestima, el trabajo en equipo, la puntualidad, la mediación, el respeto, la ética, el trabajo colaborativo, etc., etc., ya que para ellos, un SER HUMANO FORTALECIDO llega más fácil al conocimiento. Si un niño sabe que no es bueno en matemáticas, tendrá la capacidad de levantarse de su silla y buscar a un compañero que sí sea bueno y decirle: yo soy bueno en biología y tú en matemáticas, trabajemos juntos…

 

Tristemente el sistema educativo centrado en el conocimiento y nuestra sociedad competitiva nos ha llevado inclusive a exhibir a nuestros niños como trofeos frente a otros. Es común ver a una u otra señora que comenten que sus bebés de 4 años (o inclusive 3) ya sepan contar hasta 100, conocer los planetas, escribir sus nombres y apellidos, o reconocer las capitales del mundo…

OJO: la infancia no debe ser una carrera que arroje a niños perdedores y ganadores.

¿Qué debe saber un niños a los 4 años?

Para la pedagoga Alicia Bayer un niño de esta edad debe conocer:

  • Debe saber que lo aman por completo, incondicionalmente y en todo momento.
  • Debe saber que está a salvo, y además como mantenerse a salvo en lugares públicos. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien, y que nunca tiene que hacer algo que le parezca inapropiado, se lo pida quien se lo pida.
  • Debe saber reír y utilizar su imaginación. Debe saber que no pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con 6 patas.
  • Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar, o a jugar en el barro.
  • Debe saber que el mundo es mágico y él también. Debe saber que es fantástico, listo, creativo, compasivo y maravilloso. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro, y casitas de cuentos de hadas es tan importante como aprender los números. Mejor dicho, mucho más.

 

Como podemos ver, el camino al “conocimiento a ultranza” no es el adecuado para formar mejores y más exitosas personas. Hoy tenemos el gran compromiso de formar MEJORES SERES HUMANOS que logren sus objetivos y sueños, y quizás de esta manera y como recompensa,  logremos mejores resultados académicos cuando nos comparen con los países con los que hoy competimos.

 

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

LA CHARLATANERÍA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

El único camino que un país tiene para mejorar sus ingresos y hacerlos más equitativos, es el de la educación; así nos lo han demostrado muchas economías en el mundo, es especial las de varios países asiáticos.

 

México acumula varios millones de pobres, más del 50 por ciento de su población según datos de la OCDE, por lo que es prioritario estructurar un sistema educativo que en el largo plazo nos lleve a convertirnos en un país con mayores ingresos y mucho mejor distribuidos.

 

El primer paso debe encaminarse a construir un sistema educativo articulado en sus diferentes niveles, desde el maternal hasta la universidad. Debemos determinar las principales vocaciones del país que en la actualidad son el petróleo, el turismo y la industria automotriz, y las secundarias, a fin de generar procesos educativos que en el mediano plazo fortalezcan las áreas de las que dependemos.

 

Es increíble que si hoy nuestros ingresos provienen en primer lugar del petróleo, no contemos con diferentes instituciones que desarrollen tecnología de extracción por ejemplo, o sistemas que mejoren alguna parte del proceso; o como en el caso del turismo, donde no tenemos apoyos decididos para fortalecer las áreas educativas que fortalezcan esta industria. Recordemos que desde hace 10 años, la matricula de alumnos en las universidades en las áreas afines al turismo, ha disminuido de manera considerable. También pasa algo similar en la industria automotriz, ya que en México únicamente el 12 por ciento de los alumnos se encuentran estudiado una ingeniería, mientras que en China son el 77 por ciento, por tener una referencia.

 

El otro tema relevante es el relacionado con la calidad educativa. En educación superior en Aguascalientes por ejemplo, contamos con casi 40 universidades (se sabe que hay 4 más en trámite de apertura ante a SEP), muchas de las cuales no cuentan con la formación académica que requerimos para competir en el mundo globalizado al que pertenecemos. Nos hemos llenado de universidades que forman “light”, a alumnos “light” que aspiraran a ganar un salario “light” para un mundo mediocre. Esa es la verdad. Mientras no contemos con un sistema educativo fuerte y exigente difícilmente seremos lo suficientemente competitivos que requerimos para transformar a México. Debemos promovernos por que nuestras autoridades educativas tomen cartas en el asunto asumiendo su responsabilidad de manera enérgica y tajante y cerrar el paso a estas “pseudo-universidades” que lo único que hacen es engañar a quien no pudo ingresar a las universidades públicas.

Hoy más que nunca la sociedad debe proclamarse por una excelencia educativa, que forme a nuestra juventud con las herramientas necesarias para enfrentarse y ser líder en el mundo complejo que hoy vivimos.

Hoy requerimos de más UNIVERSIDADES (investigación, instalaciones, formación integral, maestros de tiempo completo, intercambios, formación personalizada, vinculación, deporte, cultura, labor social, calidad avalada por terceros, etc.)  y menos centros educativos de enseñanza superior (económicos, mediocres, masivo, bajos salarios, malas instalaciones, maestros sin experiencia, nulo seguimiento, etc., etc.) los cuales están convirtiendo a varias profesiones en verdaderos “invernaderos de desempleados”.

 

La buena educación cuesta, tanto en una UNIVERSIDAD PRIVADA como en una PÚBLICA, la diferencia está en que en la privada los jóvenes son los que hacen el esfuerzo; pero lo importante es que la sociedad sea selectiva a la hora de decidir la formación educativa de sus hijos, ya que tanta “charlatanería” de la educación superior nos podría llevar a un México con mayores carencias a las que hoy tenemos.

rectoría@ucuauhtemoc.edu.mx

EL MUNDO EQUIVOCADO EN QUE VIVIMOS

El tema de la violencia en el mundo es bastante complejo y extraño para una sociedad moderna que dice ser “civilizada”. Si bien en el mundo no hay un consenso definitivo para determinar los elementos que componen a una sociedad civilizada, sí se concuerda en que son siete los principales: Seguridad, Atención Médica, Acceso a Alimento y Agua, Refugio, Sistema Gubernamental y Leyes, Educación y Libertad.

Lo triste es que en los ideales de una sociedad civilizada no aparecen aspectos tan importantes como Igualdad, Límites Aceptables entre Quienes más y menos Tienen, Sistemas de Mediación de Conflictos, y un Sistema de Inclusión de Culturas Diferentes.

Hoy parece que el único camino para resolver las diferencias entre los países y las ideas es por medio de las armas, tal como lo vemos con el actual conflicto entre Ucrania y Rusia, o entre palestinos e israelíes. También tenemos “escaramuzas” entre las dos Coreas, o entre Estados Unidos y los grupos disidentes en Irak.

No se diga lo que pasa en África con el tema sin fin de la discriminación entre etnias…

O en nuestro continente, la guerra de nuestro gobierno contra los grupos al margen de la ley, o los constantes comentarios desafiantes de Argentina al Reino Unido por el tema de las Malvinas, o la guerra de más de 60 años en Colombia entre los grupos terroristas guerrilleros y el gobierno de este país.

En la actualidad, los países desarrollados gastan 100.000 millones de dólares “aliviando” la pobreza en el mundo, pero invierten 13 veces más en armas y soldados. En América Latina estamos invirtiendo en armamento y soldados, más de 50.000 millones de dólares por año, lo que se convierte en un absurdo para un mundo que ya no soporta más conflictos y división entre las personas.

 

Nuestro planeta necesita de un sistema de integración diferente al de demostrar quien es el más fuerte, y este camino se encuentra totalmente relacionado con la educación.

Hoy en Japón han desarrollado un sistema educativo básico que lleva a los niños a conocer la religión, la cultura, los sistemas de gobierno, como parte de un mundo global, dejando de un lado el nacionalismo y la aceptación de que los sistemas de administración del país donde se nace, son los mejores.

En Colombia han estado trabajando decididamente en lograr que los guerrilleros de las FARC entreguen las armas y para ello han desarrollado un proceso de reinserción social de los combatientes. La presidencia de la República de este país ha decidido apoyar a 2.785.000 personas afectadas directa o indirectamente por el conflicto con becas para educación superior a fin de tratar de ingresar al mayor número de personas al sistema productivo legal de este país. De hecho, la Universidad Cuauhtémoc Sede Colombia está trabajando con la Presidencia de este país sudamericano en un sistema educativo ex profeso que colabore en el gran proceso de reinserción de excombatientes y afectados.

 

Definitivamente este planeta debemos cambiarlo; considero que son pocos los años que nos quedan para revertir los daños, quizás irreparables, que le hemos hecho a nuestro planeta azul. Ojalá que cada quien tengamos la responsabilidad de hacer algo para transformar. Muchas veces creemos que el único camino que tenemos de cambio, es invirtiendo grandes recursos económicos, y lo que no nos damos cuenta, es que éste planeta lo que necesita para empezar, es que le otorguemos una simple sonrisa a quien se nos cruza en el camino.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

LA FELICIDAD COMO OPCIÓN DE VIDA

Cada día nos levantamos con noticias negativas de lo que vive nuestro “mundo mágico”: guerras, desigualdades, pobreza, cambio climático, narcotráfico, secuestros, muertes y dolor… dolor por todo el mundo. Dentro de un panorama así de complejo, quizás la felicidad sea un estado inalcanzable para los habitantes. Hablo de felicidad y no de los satisfactores que nos generan ciertas acciones.

Desde la perspectiva de la filosofía se entiende que la felicidad es el sumo bien o bien objetivo al que tiende el ser humano como ser racional.

El bien objetivo… y tan llenos y rodeados de mal en que vivimos.

Hay quienes trabajan en la felicidad como un objetivo claro, tal es el caso de  Sangay Zan, del Reino de Bután, un país ubicado al norte de la India. Este país ha definido el indicador de Felicidad Nacional Bruta. “El Índice Bruto de Felicidad es una búsqueda desde hace unos 40 años en el país. El principio es que la aspiración de todas las personas es ser feliz. Así tratamos de asegurar que los planes o programas de desarrollo tengan ese ideal. La meta: crear condiciones que hagan a la gente feliz”.

El gobierno de Bután ha incorporado estos principios en el sistema educativo y cada práctica socioeconómica debe estar orientada en ese sentido. Están conscientes de que la tarea no es fácil. “No reclamamos ser el país más feliz del mundo, tenemos desafíos y hay cosas que no son perfectas, no podemos asegurar la felicidad de la gente, porque es una condición de cada individuo, de su mente, pero como gobierno y responsables de las políticas, sí podemos crear un ambiente que permita eso”.

¿Los resultados para este país? Habrá que esperar, por lo pronto no son los únicos que están trabajando en ello.

Algunos países en el mundo están optando por lo que denominan Felicidad Industrial, planteando que el salario es solo una motivación de corto plazo. La premisa de este concepto es la de divertirse trabajando.

Una gerente de una empresa que incluye la felicidad dentro de los objetivos de sus empleados, comenta: “La gente cree que prestar un buen servicio es cumplir con entregar un producto con las características ofrecidas y a tiempo. Eso no es cierto, eso simplemente es cumplir con lo que el cliente pagó, nosotros creemos que el valor agregado con los clientes es ofrecerles más allá de lo que compró o lo que esperaba, en eso estamos trabajando, y solo se logra teniendo trabajadores felices con lo que hacen”.

Algunas de estas empresas han demostrado rendimientos 4 veces más altos que los que tenían antes de implementar estas políticas.

Un caso reconocido a nivel latinoamericano fue el de la empresa de enseñanza del inglés OpenEnglish. Ellos fueron pioneros en crear el cargo de Director de Felicidad, a cambio de tener un Director de Recursos Humanos, con el fin de posicionar la cultura del optimismo. Esta decisión la tomaron porque consideran que una persona feliz tiene menos probabilidades de atraer conflictos, estará menos estresada y por ende será más productiva.

A nivel mundial existe un fenómeno llamado Happyshifting, una tendencia para que las personas sean felices en su trabajo especialmente entre jóvenes emprendedores, optimistas, pero sobre todo con la capacidad de elegir objetivos a largo plazo sin importar el sacrificio económico con tal de conseguir la felicidad.

En definitiva, la felicidad es una decisión personal; es un estado al que unos aspiran y otros dejan por anteponer el “ajetreo” del día a día.

La realidad es que este mundo complejo solo cambiará a partir de proponernos ser diferentes. Hasta el cansancio nos hemos demostrado que el camino del individualismo y la tristeza nos está llevando a la construcción de un mundo que no es en el que todos soñamos vivir.

LOS VALORES COMO ESTRATEGIA DE CAMBIO

Desde hace algunos meses hemos visto en las redes sociales imágenes de añoranza sobre los juegos de infancia de quienes nacimos entre 1960 y 1980; canicas, “bebeleche”, “changai”, “quemados”, salto de cuerda, “matatena”, “las escondidas”, el trompo… juegos que hicieron parte de nuestra niñez y que hoy se han cambiado básicamente por los videojuegos y la televisión.

Estas publicaciones muestran una niñez más auténtica, más sana, más feliz. Y es que hoy a nuestros niños los hemos llevado a la individualización que ha generado el exceso de tecnología.

Estamos de acuerdo en que la tecnología nos ha llevado a desarrollarnos mucho más y a tener la información al instante, pero el tener niños con menos interacción social y más individualismo seguramente producirá  una sociedad diferente; mejor o peor, no lo sabemos, pero seguramente, diferente.

Lo que sí debe ser una constante en la formación de los jóvenes es la parte valoral. Entendiendo valoral como un código de lógica global de sentido común, y quizás no como un código religioso.

La construcción y fortalecimiento de los valores en una labor que debe ser parte obligatoria en cada una de las familias, ya que un joven con unos cimientos fuertes en valores, seguramente lo llevarána un futuro exitoso, independiente de la profesión u oficio que decida realizar en su vida.

Lo cierto es que le hemos fallado al mundo en el tema valoral. Cada día vemos con gran dolor la realidad en que vivimos y que hace parte de una culpabilidad compartida por la aceptación de lo que hoy vive nuestro planeta.

Duele mucho la corrupción de México. Nos duele el cambio climático como consecuencia de un supuesto “desarrollo” industrial. Nos duele la pobreza (en México según la OCDE, existen 70 millones de personas con algún grado de pobreza), pero más nos duele, la exagerada desigualdad entre ricos y pobres. Duelen los muertos por la guerra contra el narcotráfico. Duelen los miles de muertos de la Franja de Gaza (una guerra desigual, muy desigual, donde pierden los más pobres); duelen los 284 pasajeros (80 niños) del avión de Malaysia Airlines, derribado hace unos días sobre territorio ucraniano, lo que definitivamente fue un vil asesinato.

Duelen las constantes bombas en Bagdad, duele la inconciencia ecología de China y Estados Unidos, duele la pobreza a la que el Socialismo del Siglo XXI ha llevado a un país rico como Venezuela. Duelen los muchos de nuestros jóvenes víctimas de las drogas, el alcohol y los desórdenes alimenticios… duele y duele y seguirá doliendo. Pero es tarea de quienes somos padres de familia que este dolor les llegue a nuestros hijos, que lo entiendan, que pongan los pies en la tierra, porque una sociedad que pierde la capacidad de sentir el dolor del otro, está completamente perdida.

Hoy más que nunca tenemos la obligación de fortalecer a nuestros hijos en valores. Tenemos la obligación de “romperles la burbuja” para que conozcan el mundo que los adultos construimos, ya que sólo así pasarán de ser las victimas de la historia a convertirse en los protagonistas de la construcción del mundo donde todos soñamos vivir.