Monthly Archives: September 2016

EL TURISMO, EL CAMINO  INMEDIATO    

Si bien la economía de México ha mantenido un crecimiento pequeño pero positivo en los últimos años, este no ha sido para nada esperanzador si pretendemos mejorar y disminuir la pobreza y la gran desigualdad que tenemos entre ricos y pobres.

Nuestros principales ingresos hoy en día son el petróleo, del cual dependimos por muchos años y que hoy se esta acabando, además de que los países desarrollados y medianamente desarrollados, han decidido migrar a otras fuentes de energía (Israel ha decidido que para el 2020 será el primer país del mundo que no dependa del petróleo. Marruecos espera que para el 2029 el 65% de su energía sea limpia); en segundo lugar tenemos a las remesas que nos envían nuestros compatriotas que se la van a “jugar” a otros países, en especial a Estados Unidos. En tercer lugar se encuentra el turismo y al final la industria automotriz. La agricultura ha crecido bastante, ubicándose en el 2015 como el segundo ingreso de México; ya veremos si este rubro sigue manteniendo su crecimiento para el balance del presente año.

Desde mi particular punto de vista nuestros ingresos se encuentran muy amenazados, pues el petróleo no solo se acaba, parece que ya no podemos usarlo debido a la angustiosa necesidad de migrar a energías limpias. Las remesas siempre dependerán de las políticas de otro país (solo imaginemos que en Estados Unidos ganara la presidencia el “loco” de Trump). El turismo, del cual señalaré mas adelante, es nuestro más seguro ingreso; y la industria automotriz mientras sea de maquila, no generará las condiciones que requiere México para ubicarse en otro contexto. Al final nos queda la agricultura, la cual tendremos que tecnificar y desarrollar, aunque queda muy claro que ésta tampoco nos ayudará a crecer como lo requiere el país para salir de la pobreza.

Si bien el mundo de hoy se mide por la capacidad de generar riqueza por medio de la tecnología, la innovación y la creatividad,  dentro de nuestra realidad actual me quedo con el turismo como el  camino a desarrollar a fin de crecer nuestra economía y buscar ubicarnos en otro nivel como país.

México tiene TODO para vivir del turismo. Arquitectura prehispánica (más de 10 mil puntos arqueológicos de importancia), arquitectura colonial y moderna, gastronomía, las mejores playas del mundo, etc., etc. El tema es que hoy no tenemos las condiciones suficientes para hacer de nuestro país el destino mas visitado del mundo.

Un diario español realizó una interesante encuesta sobre los deseos de quienes buscan turismo vacacional. Los resultados son claros, el turista busca: a. Sitios atractivos con variedad temática (historia, diversión, combinado adultos/niños). b. SEGURIDAD. c. infraestructura hotelera y de servicios complementarios. d. Fácil comunicación y diferentes medios de transporte.

España debe el 80% de su economía al turismo, Portugal el 65%, así que nuestro país cuenta con los elementos de atracción para en el mediano plazo pensar en volcar nuestra economía a este rubro.

Pero, ¿qué nos faltaría? México necesita con urgencia establecer un clima de seguridad que le garantice la integridad a todos sus visitantes, el tema es que hoy seguimos en la lista negra de los países desarrollados como un destino turístico peligroso. También necesitamos mejorar nuestras comunicaciones y transporte, esto incluye: trenes de alta velocidad, puertos, más aeropuertos y mejor conectados, infraestructura hotelera y de diversión, entre otros.

Al final nos damos cuenta de que la “bendición”, ya la tenemos, pues contamos con todos los sitios atractivos para el visitante, pero México necesita mejorar sus comunicaciones, infraestructura y SEGURIDAD para aspirar a migrar nuestra economía a un rubro del que podríamos vivir por mucho tiempo y que nos auguraría un excelente crecimiento, y la obtención de una menor desigualdad entre ricos y pobres.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

UN AGUASCALIENTES COMPROMETIDO CON EL MEDIO AMBIENTE

Y siguiendo con el tema ambiental, considero sumamente importante que gobiernos y ciudadanos tomemos la situación del medio ambiente con la seriedad y complejidad que merece.

El planeta se nos acaba, es una realidad. Los datos son fríos y contundentes; en Sudamérica por ejemplo, en escasos 16 años se perdió el 30% de las áreas naturales prístinas (no invadidas por el hombre). En el mismo periodo, el planeta acabó 3,3 millones de kilómetros cuadrados de bosques, el doble del tamaño de Alaska (la misma Alaska que hoy se inunda y que obligará a migrar a más de 144 comunidades en los próximos años debido al incremento del nivel del mar). El mundo hoy solo cuenta con 30,1 millones de kilómetros cuadrados de áreas de bosques lo que claramente nos muestra que en menos de 20 años acabamos con el 10% de nuestros bosques pulmón del plantea, y cuna de innumerables especies.

El diseñar un planeta verde es el camino que la humanidad tiene para garantizar nuestra permanencia en la tierra con un estilo de vida similar al que hoy tenemos. Para esto cada ciudad deberá tomar medidas que nos ayuden a conseguirlo.

¿Qué debemos hacer en el Estado?

Aguascalientes cuenta con las condiciones ideales para estructurar una ciudad verde. Si bien el agua es el principal problema, podríamos actuar de inmediato para evitar los problemas de no contar con el vital líquido.

Como primer punto debemos iniciar por el transporte público. Necesitamos un sistema de transporte eléctrico en los 3 anillos de la ciudad que se conecte con buses alimentadores de forma radial hacia el centro de la ciudad. Paralelo a esto, debemos destinar un carril para bicicletas en los mismos anillos y radios de la ciudad incitando a la gente a disminuir el uso del vehículo particular. Si bien no somos una ciudad con altos grados de contaminación, la disminución del uso del vehículo particular nos auguraría una excelente calidad del aire por muchos años. Muchas ciudades europeas lo están haciendo con excelentes resultados.

Segundo, necesitamos una política de generación de nuevas “casas verdes” y de transformación de las actuales viviendas, en las nuevas “casas verdes”.

Una “casa verde” es un espacio que produce su propia energía, recicla y cuidad el medio ambiente y la alimentación. Algunos ejemplos de elementos en una “casa verde”, son:

-       Instalación de sistemas de tratamiento de aguas usadas.

-       Sistema de reúso de aguas no jabonosas para riego de jardines.

-       Azoteas captadoras de agua lluvia para sanitarios y riego.

-       Uso de sistemas automáticos de apagado de luces y sensores de salida de agua para evitar el desperdicio.

-       Uso de páneles solares para generación de energía local.

-       Uso de vidrios dobles con algas para la producción de biogás.

-       Área en casa para siembra en hidroponía, además de espacio para criadero de gallinas y conejos.

Estos son solo algunos ejemplos de los que el “mundo consiente” está llevando a cabo para aportar en la construcción de un planeta mejor.

Quizás estos sistemas los veamos algo costosos, o como una utopía para nuestra realidad como país tercermundista, pero la verdad es que estos sistemas y muchos más, los tendremos que desarrollar de manera obligada en unas cuantas décadas cuando el planeta llegue al “punto de quiebre (del no retorno)” que han venido anunciando muchos especialistas.

Debemos comenzar ya. Ojalá nuestros nuevos gobernantes vean el tema ambiental como una prioridad para un estado que tiene las condiciones ideales para usar este tipo de herramientas, las cuales aportarían un enorme beneficio para nuestro muy desgastado planeta.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

YA TENEMOS LA PRIMERA MIGRACIÓN HUMANA DEBIDO AL CAMBIO CLIMÁTICO 

Siempre he comentado a mis alumnos en diferentes foros que la generación, la que hoy dirige y ha dirigido este planeta, se equivocó en tres cosas fundamentalmente. Primero en los valores. Hoy somos capaces de “pisotear” al otro con tal de lograr nuestros objetivos. Segundo, la repartición de la riqueza, pues los 85 hombres más ricos del mundo tienen lo mismo que 3.500 millones de personas. En tercer lugar, lo ambiental, y es justo aquí donde me quiero detener.

En el planeta estamos talando 10 millones de hectáreas de bosques cada año de las cuales 6 millones se vuelven desierto. En América Latina acabamos con 20 hectáreas de bosques cada minuto; casi todas en el amazonas, el pulmón del mundo. Hoy se sabe que el hielo polar se derrite a un 9% por década, y que el grosor del hielo ártico ha disminuido un 40% desde 1960. Increíble.

Si bien la Unión Europea ha estado adoptando medidas drásticas para en el mediano plazo migrar a energías limpias, muchos países como Estados Unidos, Rusia, China e India que son de los que más contaminan, siguen sin comprometerse de manera seria con la transformación de sus economías para soportarlas en energías renovables.

El cambio climático que conlleva a la destrucción del planeta como lo conocemos, es una realidad. Los efectos aterradores de esta transformación ya la viven los habitantes de la comunidad esquimal Iñupiaq, Shishmaref, una isla situada al norte del estrecho de Bering donde se separa Estados Unidos de Rusia; quienes ya han perdido un kilómetro de costa en los últimos 50 años. El cambio climático ha subido la temperatura de Alaska en 3 grados centígrados en medio siglo, derritiendo la barrera natural de hielo que protegía a la comunidad de tormentas y otras inclemencias de la naturaleza. Hoy están completamente expuestos por lo que han decidido migrar a otros lugares. Un informe de la Administración de Estados Unidos presenta un panorama desolador para 180 pueblos de la costa de Alaska los cuales están seriamente afectados por la erosión, donde 24 deberán obligatoriamente ser reubicados en otras tierras debido a que no existe tecnología capaz de proteger a los habitantes, convirtiéndose en quizás la primera migración humana de la historia reciente, debido al cambio climático.

El gobierno estadounidense prevé que para el 2100 casi 15 millones de personas sufrirán los estragos del incremento del nivel del mar debido a que para este año el nivel del mar habrá subido casi 2 metros de altura respecto a su estado actual.

La transformación del planeta es una realidad latente, misma que muchas potencias no han querido aceptar. Necesitamos migrar a nuevas energías, a la producción individual de energía y alimentos, y esto solo lo lograremos si iniciamos con una educación inmediata de nuestros estudiantes para alertarles, presentándoles la cruda realidad a fin de que crezcan con la idea de desarrollar los elementos que requerimos para que la población se comporte de una manera más equilibrada con la naturaleza.

Por más de 2 siglos el hombre ha querido controlar la naturaleza a su antojo, talando, destruyendo y explotando los recursos sin control y sin medir las consecuencias. Hoy es momento de cambiar, y el único camino es el de educar para en el largo plazo aspirar a mantener una vida similar a la que hoy gozamos. Ojalá no sea tarde. Esperemos que nuestros gobernantes entiendan que este planeta es el único que tenemos y lo debemos preservar, pues que caso tiene, por ejemplo, buscar agua en otros planetas si aún podemos cuidar la que tenemos.

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CONTRADICCIONES EN LA RUTA HACIA UNA BUENA EDUCACIÓN

Muchas veces hemos señalado los problemas en el sistema educativo del país, los cuales nos han llevado a ocupar los últimos lugares de las pruebas educativas internacionales PISA que aplica la OCDE cada 3 años. Lo paradójico de este asunto, es que muchos de los países que ocupan lugares privilegiados en esta prueba (en su mayoría los asiáticos) también sufren, pero de otra manera.

Corea del Sur, por ejemplo, invierte cerca del 8% del PIB (producto interno bruto) en educación (México invierte el 5,4%), pero en la actualidad, este país tiene la mayor tasa de suicidio juvenil de todos los países industrializados (en los últimos 60 años los suicidios han aumentado un 60 por ciento).

Estados Unidos que se ubica a mediana tabla en los resultados PISA está teniendo situaciones complejas con su sistema educativo, pues la tasa de abandono escolar se encuentra arriba del 30 por ciento (en México de cada 10 niños que inician en kínder, solo 1,2 terminan la universidad). Aún más, hace unos años National Geographic aplicó una encuesta sobre cultura general en Estados Unidos encontrando que el 21 por ciento de los adultos entre 18 y 24 años no supieron identificar el océano pacífico en un mapa, y el 65 por ciento fue incapaz de situar el Reino Unido.

El tema es particularmente complejo en Estados Unidos, el país al que supuestamente “queremos parecernos”; según Ken Robinson: “En Estados Unidos educar a un alumno de secundaria cuesta una media de once mil dólares anuales; tenerlo en la cárcel representa más de veinte mil. El costo anual que suponen los jóvenes encarcelados asciende a casi setenta mil millones de dólares, lo cual requirió un aumento en la inversión de fondos del 127 por ciento en el sistema penitenciario entre 1998 y 2007. En comparación, el crecimiento de la inversión en educación superior durante el mismo periodo solo fue del 21 por ciento”.

El mundo se encuentra bastante desubicado en cuanto al camino que deben seguir los sistemas educativos, pues tal pareciera que el éxito en las pruebas internacionales por medio de la estandarización de la calidad como lo hace Corea del Sur, o Singapur lleva a un alto índice de estrés en los estudiantes coartando su desarrollo como persona o inclusive llevándolos al suicidio.

Vale la pena señalar con preocupación, que hace unos días el titular de la SEP Aurelio Nuño Mayer dio a conocer el nuevo modelo educativo de México, el cual según varios expertos, es una copia editada al modelo Singapur lanzado en 1997.

Desde mi particular punto de vista el camino a seguir debe ser el de centrar el sistema educativo en la PERSONA y no en el CONOCIMIENTO; así lo viene haciendo Finlandia con gran éxito. Primero hay que enseñar a los niños ética, responsabilidad, resiliencia, trabajo en equipo, lealtad, puntualidad, habilidades sociales, entre otros, a fin de que el conocimiento sea una consecuencia de un ser humano fortalecido.

Aunado a esto, debemos inculcar en nuestros alumnos la creatividad como modo de vida y el emprendimiento como herramienta para lograr los objetivos, sustentados en lo que deseo hacer, a partir del reconocimiento de mis capacidades y debilidades.

México tiene todo para ser mejor. Necesitamos analizarnos y ver que es lo que el país necesita para sobresalir, y esto solo lo lograremos basándonos en un sistema educativo fuerte, que potencie al ser humano, y fomente el desarrollo individual de cada estudiante.

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FRACASO Y RESILIENCIA, ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA EL EMPRENDEDOR

El camino entre la pobreza y la riqueza de un país se centra en dos aspectos fundamentales, la educación y el emprendimiento. En ambos ítems, México está en deuda, pues para nadie es un mito que nuestro sistema educativo ya no es competitivo, prueba de esto son los penosos últimos lugares que venimos ocupando en las pruebas educativas (PISA) que nos aplica las OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) a sus miembros. En cuanto al emprendimiento las cosas no son fáciles pues de cada 10 empresas que se crean en el país, ocho cierran antes de dos años de funcionamiento y una más, antes del quinto año.

La conclusión es simple, si queremos mejorar las condiciones de nuestro país y equilibrar un poco más las profundas desigualdades que tenemos entre ricos y pobres, necesitamos mejorar decididamente nuestra educación y apostar a la enseñanza del emprendimiento, pero desde la temprana edad.

Para ser emprendedor se necesitan muchos elementos, pero me quiero centrar en dos principales: el fracaso y la resiliencia.

En mi historia personal he emprendido muchos negocios que no se convirtieron en empresas, pero que me enseñaron a ser resiliente, habilidad que luego me ayudó a construir de manera firme, las empresas que tengo.

Recuerdo que en primaria desarrollé mi primer negocio: Venta de chocolates a mis amigos. Estudié con padres escolapios (españoles) quienes prohibían determinantemente que los alumnos hiciéramos este tipo de actividades en el salón de clases. Muy astuto, creé una red de compañeros que “movían” los chocolates en sus cartucheras de colores ganando una pequeña comisión por el “favor”. Al final, me cacharon, casi me expulsan y terminé por entender que ese no era el lugar para ese emprendimiento.

Más adelante en mi adolescencia vendí arepas (plastas de maíz similares a las gorditas hidrocálidas), ropa, colchones, ropa íntima femenina, collares; monté una oficina de arquitectura donde hacíamos restauraciones de edificios con valor histórico… entre muchas otras. Emprender para mí fue común y normal, pues a mis padres siempre los veía haciendo negocios, fracasando y triunfando.

Caer y aprender es quizás el mayor valor que un emprendedor puede tener en su instrucción, pero lo importante es caer como lo hace un niño que quiere caminar: llora, se limpia la herida y sigue adelante. El grave problema que tenemos es que el costo al fracaso en nuestro país es tremendo. Quien no logra triunfar en el primer intento, es señalado por su familia y sus amigos, como un perdedor.

Por este alto costo, siempre he creído que emprender en México es un “Acto de Fe”. Fe en ser mejor, en mejorar los ingresos, en dar empleos, en cambiar el mundo… pero son muy pocos (muchos menos de los que necesitamos) los que se lanzan en el camino de ser sus propios jefes; y es normal, si nadie nos enseña a ser emprendedores y además estudiamos 15 años en un sistema educativo que nos dice que hay que ser empleados, la respuesta no podría ser otra.

Nuestro México necesita muchos más arriesgados que se lancen en el camino del emprendimiento, pero la única manera de lograrlo es entender que nuestro sistema educativo debe formar las habilidades emprendedoras (espíritu emprendedor y pensamiento empresarial) que desarrollen los principios (entre ellos el fracaso y la resiliencia) que el emprendedor necesita para salir adelante; solo así considero que disminuiremos las alarmantes estadísticas del país en cuanto al fracaso de las empresas, y por supuesto, ayudaríamos a mejorar el desequilibrio que tenemos y que nos lleva a las profundas desigualdades que vive México.

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