Daily Archives: September 2, 2016

FRACASO Y RESILIENCIA, ELEMENTOS FUNDAMENTALES PARA EL EMPRENDEDOR

El camino entre la pobreza y la riqueza de un país se centra en dos aspectos fundamentales, la educación y el emprendimiento. En ambos ítems, México está en deuda, pues para nadie es un mito que nuestro sistema educativo ya no es competitivo, prueba de esto son los penosos últimos lugares que venimos ocupando en las pruebas educativas (PISA) que nos aplica las OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) a sus miembros. En cuanto al emprendimiento las cosas no son fáciles pues de cada 10 empresas que se crean en el país, ocho cierran antes de dos años de funcionamiento y una más, antes del quinto año.

La conclusión es simple, si queremos mejorar las condiciones de nuestro país y equilibrar un poco más las profundas desigualdades que tenemos entre ricos y pobres, necesitamos mejorar decididamente nuestra educación y apostar a la enseñanza del emprendimiento, pero desde la temprana edad.

Para ser emprendedor se necesitan muchos elementos, pero me quiero centrar en dos principales: el fracaso y la resiliencia.

En mi historia personal he emprendido muchos negocios que no se convirtieron en empresas, pero que me enseñaron a ser resiliente, habilidad que luego me ayudó a construir de manera firme, las empresas que tengo.

Recuerdo que en primaria desarrollé mi primer negocio: Venta de chocolates a mis amigos. Estudié con padres escolapios (españoles) quienes prohibían determinantemente que los alumnos hiciéramos este tipo de actividades en el salón de clases. Muy astuto, creé una red de compañeros que “movían” los chocolates en sus cartucheras de colores ganando una pequeña comisión por el “favor”. Al final, me cacharon, casi me expulsan y terminé por entender que ese no era el lugar para ese emprendimiento.

Más adelante en mi adolescencia vendí arepas (plastas de maíz similares a las gorditas hidrocálidas), ropa, colchones, ropa íntima femenina, collares; monté una oficina de arquitectura donde hacíamos restauraciones de edificios con valor histórico… entre muchas otras. Emprender para mí fue común y normal, pues a mis padres siempre los veía haciendo negocios, fracasando y triunfando.

Caer y aprender es quizás el mayor valor que un emprendedor puede tener en su instrucción, pero lo importante es caer como lo hace un niño que quiere caminar: llora, se limpia la herida y sigue adelante. El grave problema que tenemos es que el costo al fracaso en nuestro país es tremendo. Quien no logra triunfar en el primer intento, es señalado por su familia y sus amigos, como un perdedor.

Por este alto costo, siempre he creído que emprender en México es un “Acto de Fe”. Fe en ser mejor, en mejorar los ingresos, en dar empleos, en cambiar el mundo… pero son muy pocos (muchos menos de los que necesitamos) los que se lanzan en el camino de ser sus propios jefes; y es normal, si nadie nos enseña a ser emprendedores y además estudiamos 15 años en un sistema educativo que nos dice que hay que ser empleados, la respuesta no podría ser otra.

Nuestro México necesita muchos más arriesgados que se lancen en el camino del emprendimiento, pero la única manera de lograrlo es entender que nuestro sistema educativo debe formar las habilidades emprendedoras (espíritu emprendedor y pensamiento empresarial) que desarrollen los principios (entre ellos el fracaso y la resiliencia) que el emprendedor necesita para salir adelante; solo así considero que disminuiremos las alarmantes estadísticas del país en cuanto al fracaso de las empresas, y por supuesto, ayudaríamos a mejorar el desequilibrio que tenemos y que nos lleva a las profundas desigualdades que vive México.

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