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REPENSAR LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Hace muchos años un título universitario era la puerta a un trabajo seguro, esto ha cambado radicalmente.

Para The Chronicle of Higher Education en su informe 2017, comenta que el título universitario se pone en duda frente a un mundo laboral en el que la barrera entre el estudiante y el profesional se difumina ante la constante necesidad de actualización, la amenaza de la automatización, y un mercado laboral con competencia global.

El grave problema del proceso es el tiempo que invertimos las universidad en la enseñanza en aula, cuando el mundo nos exige muchas otras habilidades que se consiguen en la práctica diaria.

Debemos ser honestos, las universidades hemos cambiado muy poco en décadas, y en ciertos aspectos, en siglos, pensemos en la forma y distribución de un aula de clases, por ejemplo.

Hoy muchas empresas de tecnología norteamericanas ha optado por erradicar los títulos en las solicitudes de empleo y se enfocan a conocer habilidades como toma de decisiones, resolución de problemas, resiliencia, capacidad de trabajo en equipo, ética, responsabilidad, puntualidad, entre otros, por encima del conocimiento, el cual argumentan, puede ser impartido por ellos mismos en el momento mismo del trabajo.

En el informe de The Chronicle of Higher Education, para garantizar una inserción exitosa en el mundo global, las credenciales académicas del futuro deberán cumplir con las siguientes funciones para seguir siendo importantes:

1-    Englobar la experiencia de aprendizaje tanto dentro como fuera del aula.

2-    Comunicar una experiencia integrada; debe haber un currículo académico coherente detrás de cada título.

3-    Generar un estándar común para todas las universidades. Un título que sólo es reconocido en pocas instancias es inútil para cualquier propósito práctico.

Esa romántica idea de pensar que la universidad es un periodo “mágico e inolvidable” de la vida, debe desaparecer, pues debemos convertirnos en seres que aprendan constantemente y se adaptan a nuevas tecnologías y cambios, y quizás esa adaptabilidad sea mucho más importante aprenderla en el proceso formativo, antes que el conocimiento específico.

La conclusión del reporte es clara: “las instituciones de educación superior necesitan reconsiderar qué sirve como evidencia de aprendizaje: el tiempo sentado en el aula, o la maestría de un tema o concepto. Muchas experiencias valiosas de la vida universitaria no contribuyen a la acumulación de créditos en el sistema actual. Además, será necesario repensar el currículo no como objeto fijo, sino como pedazos más pequeños que proveen evidencia de avances incrementales en competencias bien definidas. Esto se debe en gran medida a que el aprendizaje ahora se adquiere durante toda la vida. Las habilidades para mantenerse a flote en cualquier carrera cambian demasiado rápido como para que la educación superior ocurra solo una vez en la juventud”.

El mundo cambia y muy rápido, y la educación como soporte de las economías debe entender este cambio y ser capaz de adaptarse a un mundo donde el conocimiento aplicado es la mejor herramienta para una inserción laboral exitosa, ya sea como emprendedor o empleado.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

 

EL MUNDO Y LA GUERRA

Tristemente nos hemos acostumbrado a vivir en un planeta en guerra constante.

Los países ricos “regalan” a los pobres 100.000 millones de dólares al año para mitigar la pobreza, pero gastan 13 veces más en armas y soldados. En América latina gastamos 50.000 millones de dólares al año en armas y soldados; en una carrera de poder y control que no tiene ningún sentido.

Imaginemos, un arma de alto poder en México puede costar cerca de 60.000 pesos, cantidad con la que se podría alimentar un niño de escasos recursos durante más de un año. La realidad es alarmante, pues mientras gastamos y gastamos en el mundo en armas y soldados, la pobreza aumenta de manera desmedida, sabiendo que 1.100 millones de personas no comerán absolutamente nada en el día.

Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en México tenemos cerca de 70 millones de personas con algún grado de pobreza, lo que nos coloca como uno de los países más desiguales del planeta.

Si analizamos el gasto en armas y soldados, y según el Banco Mundial, Colombia ocupa el lugar más alto de América Latina al destinar 3,38% de su PIB al gasto militar, seguido por Ecuador (2,7%) y Chile (1,9%). Argentina ocupa en este rubro el 0,87% de su PIB, Bolivia el 1,62%, Guatemala el 0,43%, México 0,67% y Venezuela 1,15%.

Lo triste de esta historia es que nos acostumbramos a la guerra, a la violencia en general. Cuando no es en Irak, es Siria, o Corea de Norte. Cuando no es en Egipto, vemos decesos derivados de la violencia en Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Reynosa, Nuevo Laredo…

Lo peor de esta historia es que pasamos de largo ante la violencia que vive México y el mundo. Nos acostumbramos a “pasar el canal” y a seguir con nuestra vida simplemente comentando: “Son terroristas, son narcos…”

Una sociedad que pierde la capacidad de sentir el dolor del otro, esta perdida, y justo allí estamos inmersos. Nos hemos venido convirtiendo en personas “enconchadas”, amedrentadas, indoloras, apáticas, conformistas. Cada quien buscamos defender a nuestra familia y seguir adelante. Pero la realidad es otra. Necesitamos formar una nueva generación de humanos capaces de ver el dolor del otro para construir un mundo diferente, un México que pueda sobreponerse al dolor del día a día.

Los sismo ocurridos nos demostraron que México siempre se une, se ayuda, trabaja en equipo y logra objetivos, y me pregunto ¿por qué no podemos siempre actuar así? ¿debemos esperar las catástrofes para entender que somos más, que únicamente malos gobiernos?

El mundo necesita desenojarse, entender que juntos podemos construir puentes de trabajo que disminuyan las desigualdades y mejoren las oportunidades a todos.

Estas nuevas generaciones, los millennials y centennials muy seguramente nos harán enderezar el camino, pues han entendido conceptos que nuestras generaciones desconocieron o malinterpretaron. Nuestra labor será ayudarles con las herramientas para que cimienten los valores que requieren para construir una nueva realidad, la realidad de ese mundo donde todos soñamos vivir.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

 

 

¿NUESTRO TURISMO AMENAZADO?

Para nadie es extraño que nuestro país sea señalado como un destino peligroso para turistas. También sabemos que la criminalidad se ha incrementado con bandas de delincuencia común y crimen organizado.

Nuestro Aguascalientes no ha sido la excepción, pues cada día conocemos de un mayor número de personas que son asaltadas, o a quienes han recibido las indeseadas visitas de los maleantes en sus hogares, o han sido víctimas del típico “cristalazo” para robar las pertenencias de sus vehículos.

Las agencias de turismo de muchos países, en especial los de la Unión Europea tienen la obligación de decir a sus connacionales que desean viajar a México, que si lo hacen es bajo su propio riesgo, pues “México está en guerra”.

Estados Unidos no es la excepción, pues periódicamente emite comunicados sobre los estados de México que sus ciudadanos deberían evitar cuando vienen a nuestro país.

Particularmente, hace un par de meses, el gobierno norteamericano emitió un comunicado donde señala los riesgos de viajar a Cancún y a Los Cabos debido la “delincuencia creciente” en estos lugares. En ambos casos, el Departamento de Estado dice que “las batallas entre grupos criminales han resultado en crímenes violentos en áreas frecuentadas por ciudadanos estadounidenses. Han ocurrido tiroteos en los que transeúntes han resultado heridos o muertos”.

Lo paradójico del asunto es que el turismo en nuestro país ha crecido un 12 por ciento en el último año, lo que hace pensar que quienes nos visitan, o arriesgan sus vidas, o están más informados de nuestra realidad, que el Departamento de Estado norteamericano.

No podemos tapar el sol con un dedo, pues los homicidios en  México han aumentado, y esto incluye a los destinos turísticos como Cancún y Los Cabos. En Cancún, particularmente, han ocurrido 169 asesinatos en los primeros 6 meses del año, casi tres veces más que los ocurridos el año anterior; y Baja California Sur, registró cuatro veces más homicidios que el mismo periodo del año anterior.

Si bien estos datos no son nada halagadores y obligan a nuestras autoridades a actuar de inmediato en beneficio del turismo que es el tercer ingreso económico para el país, bien vale la pena señalar que estos datos, comparados con los de las principales ciudades de Estados Unidos son realmente bajos. Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública de México, la tasa de homicidios de Cancún es de 20 personas por cada 100.000 habitantes, y la de Los Cabos es de 14 homicidios por cada 100.000 habitantes. Nunca es bueno justificarse, pues bien sabemos que México vive una ola de violencia terrible, pero la tasa de homicidios de Detroit es de 50 personas por cada 100.000 habitantes, la de Baltimore de 52 por cada 100.000 y la de Washington de 20 por cada 100.000 habitantes.

Siempre es común recibir “insultos” de Estados Unidos donde se nos señalan nuestros errores, pero es particular ver como ellos mismos no han podido resolver los graves problemas que viven en su país, día a día.

Sin embrago nuestra realidad es la de un México donde crece y crece la violencia, misma que seguro terminará afectando nuestros ingresos pues estas alertas no dejan de ahuyentar a quienes desean vivir y disfrutar las bellezas de nuestro país.

Ante estos ataques, esta ocasión fuimos más inteligentes; el secretario de Turismo de México, Enrique de la Madrid, dijo que el país ve estos comunicados como una “llamada de atención” para que México sea más eficaz en su lucha contra el crimen organizado.

Así es, nos queda trabajar unidos por la construcción de ese México hermoso donde todos soñamos vivir.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx