VENEZUELA CON UNA LUZ DE ESPERANZA

En mi adolescencia siempre veía a Venezuela como un país rico, importante y con un crecimiento sostenido.

La realidad es que la oligarquía venezolana olvidó por mucho tiempo la pobreza que como país tercermundista hace parte del día a día. Esta pobreza creciente, muy similar a lo que ocurre con nuestro México, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más numerosos, decidió darle el poder al señor Hugo Rafael Chávez Frías quien gobernó el país sudamericano desde el 2 de febrero de 1999 hasta su muerte en 2013. Hombre carismático con su pueblo, manipulador y populista, fundador del llamado Socialismo del Siglo XXI, sembró las bases del fracaso económico más impresionante de los últimos tiempos. La realidad de Venezuela es la siguiente: cuenta con una economía colapsada, la tasa de inflación más alta del planeta, los estantes de los supermercados semivacíos y un entorno internacional cada vez menos amigable. Venezuela es el país más violento y peligroso del continente; además de que sus inversionistas han decidido llevar sus recursos a países vecinos como Colombia, a fin de garantizar la seguridad de sus patrimonios.

En la actualidad el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro Moros, de quien se dice haber nacido en Colombia por lo que no podría ser presidente de Venezuela, se ha encargado de hundir profundamente al país, llevándolo a una insostenibilidad que ha terminado por unir al pueblo venezolano en la última elección legislativa en torno a un cambio de rumbo. Esta oposición al Presidente Maduro ganó a pesar de que fue el proceso electoral más antidemocrático en la historia reciente de Sudamérica, donde incluso se encarcelaron líderes de oposición si motivo alguno, además se dio la orden de controlar de prensa, así como también se crearon leyes electorales que permitieron a pequeños estados con mayoría oficialista elegir más legisladores que los estados más poblados del país con mayoría opositora. Al final, la oposición pudo ganar incluso en los estados más “chavistas”, como Barinas.

¿Qué sigue ahora?

Desde mi punto de vista la oposición debe seguir fortaleciéndose, pues aunque el Presidente Maduro aceptó su derrota, no sería extraño que cambiara alguna ley para reducir el poder de los legisladores electos, como cuando el opositor Antonio Ledezma ganó la alcaldía de Caracas (el cargo más importante del país después de el de Presidente), y poco después la Asamblea Nacional controlada en ese momento por el Presidente Chávez, creo el nuevo “Distrito Capital” que estaba por encima del Alcalde, con la idea de reducir el poder del mandatario electo.

El mundo democrático debe ayudar a Venezuela, pues muchas veces los países sudamericanos estuvieron callados ante las arbitrariedades y abusos contra los derechos humanos cometidos en el país, quizás por miedo a perder el apoyo de los “petrodólares” venezolanos que eran enviados a los países partidarios del “Socialismo del Siglo XXI”.

Maduro cuenta con una muy baja popularidad y con un nulo carisma, además de que con la caída del precio del petróleo, el dinero ya no fluye como antes, esto, sumado a las voces que hoy señalan las violaciones cometidas a los derechos humanos, como las de el secretario de la OEA Luis Almagro, el presidente electo de Argentina Mauricio Macri, y el presidente de España Mariano Rajoy, nos presentan un panorama esperanzador para el gran cambio que requiere el hermano país sudamericano.

El tiempo nos dirá como se acomodan las cosas, pero esperemos que países importantes del cono sur como Brasil no se hagan de la “vista gorda”, pues es una obligación de la comunidad diplomática latinoamericana señalar y presionar, a los actuales regímenes represivos.

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