¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Esta época, es para todos esa oportunidad para compartir y pasar momentos agradables con nuestros amigos, familiares y demás seres queridos; es la ocasión perfecta para descansar, analizar lo hecho, valorar lo que se tiene y tomar nuevos bríos.

Lamentablemente, nuestra sociedad actual nos marca un estilo de vida materialista, superficial en donde para destacar, lo que se tiene  es lo que más importa, dejando a un lado los valores,  los sentimientos y lo que para todos, debería ser lo más trascendente.

Vivimos en un mundo donde la cordialidad y la convivencia se han ido desgastando hasta convertirse en prácticamente algo poco necesario; nos basta con tener en nuestras manos la más alta tecnología para saber qué hacen nuestros  familiares, qué plan tienen los amigos, y así “comunicarme” y estar al día…

Si bien, la tecnología nos permite conocer más y tener mayor información de lo que sucede en nuestro planeta con rapidez, su uso irracional también ha fraccionado esa relación interpersonal que tanta falta hace para humanizar al mundo.

Siempre he reiterado mis comentarios sobre la forma alarmante en la que se ha perdido la esencia del ser humano: su capacidad de asombro ya no es como antes, tantas cosas y hechos suceden a nuestro alrededor, que se vuelven parte de lo cotidiano y de lo “normal”;  nuestra necesidad de dar y compartir también ha sido dejada a un lado para ganar terreno el egoísmo y la prepotencia en la que muchos sin darse cuenta se ven inmersos; el materialismo y la frivolidad es algo que vemos en la vida diaria: tienes= vales.

La poca tolerancia es también un problema que se ha ido agravando con el paso de los años, y que mueve a juzgar, odiar, y señalar a los demás,  considerando que al no ser, ni pensar cómo nosotros no merecen nuestra aceptación ni respeto.

Como sociedad hemos perdido mucho… lo más importante, lo que no se compra. Hemos sacrificado eso, por lo comodidad y los lujos, creyendo que así podemos ser más felices; hemos deteriorado nuestra relación familiar no apreciando esos momentos en los que podemos convivir,  pues el celular o tabletas nos absorben tanto, que pareciera que nos satisfacen más que nuestros propios hijos;  hemos herido y juzgado, nos hemos vuelto indiferentes…

Pero ¿Y hacia dónde vamos?, qué estamos dispuestos a seguir perdiendo con tal de seguir lo que las reglas sociales marcan y lo que la tecnología nos pauta…

¿Tendremos la capacidad realmente para saber equilibrar y no caer en las tentaciones materiales? Eso sin duda alguna depende de nosotros mismos, y lo poco o mucho que nuestras familias convivan es parte del ejemplo que pongamos en casa y de la convivencia que se genere. Lo bien o mal que actuemos con los demás, y nuestra capacidad para ser generosos es únicamente decisión propia.

Con lo anterior, hay una esperanza… siempre hay una esperanza para cambiar las cosas y revertir aunque sea un poco, el daño que nos hacemos y hacemos a los demás, y tener así la oportunidad de disfrutar de una sociedad más justa, más responsable y consciente, más humana y cordial.

Todo ha estado y sigue en nuestras manos; sólo es cuestión de decidirnos y empezar por uno mismo y nuestras familias, y así esa cadena generará más impacto y tarde o temprano, hará eco positivo.

Definitivamente esta época debe ser, la ocasión perfecta para meditar sobre ello.

 

M.D.A JUAN CAMILO MESA JARAMILLO

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