UN MAESTRO EMOCIONALMENTE COMPLETO

Definitivamente el maestro es pieza fundamental en el proceso enseñanza aprendizaje, lastimosamente en nuestro país la sociedad lo ha venido devaluando demasiado convirtiéndose, en muchos casos, en un obstáculo para el buen funcionamiento del sistema educativo.

Finlandia y su laureado sistema educativo, ha logrado regresar el “valor” a sus maestros, capacitándolos bien, pagándoles bien y dándoles la libertad para ejercer su profesión con la conciencia de que los niños finlandeses son el mayor tesoro del país.

Uno de los aspectos fundamentales durante el proceso educativo es el manejo de las emociones, por lo que nuestros maestros deben tener especial atención en este punto. “Si la dimensión emocional es la clave en las relaciones humanas y la práctica docente se desarrolla en escenarios interactivos, es válido entonces el llamado de atención a todos y cada uno de los que practican la docencia a cualquier nivel, a desarrollar explícita e implícitamente competencias socio afectivas,..” (César Uribe Neira).

Las emociones son el centro de la existencia, por lo que para un docente se facilitaría el éxito mientras sea capaz de manejar: la autoconciencia, el autocontrol, la automotivación, la empatía, y la destreza social (esta última se referida  a la capacidad de relacionarse  adecuadamente con quienes nos rodean).

Un profesor emocionalmente inteligente es:

-       Quien está conectado con su misión educativa, su vocación y sus valores.

-       Está presente en el aula, con alma, vida y corazón, disfrutando cada momento, así sea complejo el proceso.

-       Es consiente de sus emociones y sabe canalizarlas para potenciar sus fortalezas con los estudiantes.

-       Se fija objetivos reales, alcanzables y medibles.

-       Mantiene relaciones armónicas con otros profesores y con los padres de familia.

-       Es capaz de resolver los conflictos de forma creativa, siempre cuidando sus emociones y las de los demás.

-       Es capaz de empatizar con sus alumnos, y desde esa empatía, puede ayudarlos en el camino educativo.

-       Es ejemplo a seguir, es modelo de conducta, pero también es capaz de aceptar sus errores y con ellos ayuda mucho más a sus alumnos.

-       Sabe escuchar y dar feedbacks constructivos.

-       Entiende que el maestro es un guía, un mentor, y nunca un “sabelotodo”.

-       Sabe hacer preguntas detonadoras que abren la mente de sus alumnos.

-       Utiliza TODOS los recursos posibles para que sus alumnos fortalezcan: la autoestima, la creatividad, la toma de decisiones, la iniciativa, las habilidades sociales, el trabajo en equipo, entre otras.

Nuestros maestros deben entender que en sus manos se encuentra la diferencia entre la pobreza y la riqueza de México, pues el sistema educativo de un país es el soporte de su economía. Requerimos de mejores y más comprometidos maestros, y nosotros como sociedad entera, debemos ser capaces de potenciar su valor, ese que en algún momento tuvieron en la comunidad.

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