UNA DE MÉDICOS…

Por afanes del destino en esta semana tuve que asistir como escudero a una de las clínicas de nuestra ciudad. La verdad me sorprendió la atención, cumplimiento y esmero en el servicio hacia la paciente con que asistí.

Y es que en Aguascalientes cada día contamos con más nosocomios de buena calidad que se esmeran por dar al paciente el mejor trato en su afán por hacerlos olvidar el padecimiento por el que se asiste a él.

En esta breve visita (agradezco a Dios por la brevedad), me toco conocer de voces de varios asistentes y también de pacientes, de algunas historias sobre médicos abusadores que ven a su paciente como un costal de dinero, al que por medio de un trabajo psicológico, se termina por vaciar, inventando enfermedades y necesidades que muchas veces el adolorido realmente no necesita.

Desde hace vario tiempo hemos visto con tristeza una profunda deshumanización de ciertos médicos que creen que por lo complejo y costoso de su formación, pueden abusar del dolor y desconocimiento de quienes por desgracia lo tuvieron que consultar, exprimiendo al máximo sus recursos sin importar los grandes esfuerzos que muchas personas tienen que hacer para salir del percance que sufrieron, ellos o algún familiar.

Me toco darme cuenta sobre todo de algunos pediatras que ven en la emoción del nacimiento y la inexperiencia de los padres, la “oportunidad redonda” de inventar o exagerar situaciones de los niños, que los orilla a la toma de una decisión apresurada sobre intervenciones quirúrgicas antes del primer mes de nacidos.

Circuncisiones innecesarias, supuestos padecimientos pulmonares, entre otros, se suman a la lista de historias que los médicos mediocres y abusadores inventan a sus victimas para exprimir esos recursos económicos de los cuáles se consideran propietarios.

¿Dónde ha quedado el respeto por el dolor del otro?, básicamente, ¿Dónde quedó el juramento hipocrático que realizan antes de egresar de su formación?

Tal parece que en la ambición de riqueza estos “pseudos-médicos” olvidaron por completo la ética, y el respeto por el sufrimiento de quienes se los encuentran.

Lo que si es importante dar a conocer es que ya nuestra ciudad comienza a señalarlos; ya quienes han tenido que sufrir de sus abusos han comenzado a discriminarlos y a comentar a sus conocidos de estos “asaltos legales” a los que han sido tristemente sometidos…

Cada galeno sabrá la cola que tiene. Cada abusador conoce de las presas a las que ha chupado su sangre. Por lo pronto la ciudad será quien rápidamente los señale a fin de arrinconarlos y separarlos del contacto de nuestros enfermos, por que lastimosamente este tipo de abusos son difícilmente comprobables y sus costos, penosamente legales.

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