EL MUNDO Y LA GUERRA

Tristemente nos hemos acostumbrado a vivir en un planeta en guerra constante.

Los países ricos “regalan” a los pobres 100.000 millones de dólares al año para mitigar la pobreza, pero gastan 13 veces más en armas y soldados. En América latina gastamos 50.000 millones de dólares al año en armas y soldados; en una carrera de poder y control que no tiene ningún sentido.

Imaginemos, un arma de alto poder en México puede costar cerca de 60.000 pesos, cantidad con la que se podría alimentar un niño de escasos recursos durante más de un año. La realidad es alarmante, pues mientras gastamos y gastamos en el mundo en armas y soldados, la pobreza aumenta de manera desmedida, sabiendo que 1.100 millones de personas no comerán absolutamente nada en el día.

Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en México tenemos cerca de 70 millones de personas con algún grado de pobreza, lo que nos coloca como uno de los países más desiguales del planeta.

Si analizamos el gasto en armas y soldados, y según el Banco Mundial, Colombia ocupa el lugar más alto de América Latina al destinar 3,38% de su PIB al gasto militar, seguido por Ecuador (2,7%) y Chile (1,9%). Argentina ocupa en este rubro el 0,87% de su PIB, Bolivia el 1,62%, Guatemala el 0,43%, México 0,67% y Venezuela 1,15%.

Lo triste de esta historia es que nos acostumbramos a la guerra, a la violencia en general. Cuando no es en Irak, es Siria, o Corea de Norte. Cuando no es en Egipto, vemos decesos derivados de la violencia en Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Reynosa, Nuevo Laredo…

Lo peor de esta historia es que pasamos de largo ante la violencia que vive México y el mundo. Nos acostumbramos a “pasar el canal” y a seguir con nuestra vida simplemente comentando: “Son terroristas, son narcos…”

Una sociedad que pierde la capacidad de sentir el dolor del otro, esta perdida, y justo allí estamos inmersos. Nos hemos venido convirtiendo en personas “enconchadas”, amedrentadas, indoloras, apáticas, conformistas. Cada quien buscamos defender a nuestra familia y seguir adelante. Pero la realidad es otra. Necesitamos formar una nueva generación de humanos capaces de ver el dolor del otro para construir un mundo diferente, un México que pueda sobreponerse al dolor del día a día.

Los sismo ocurridos nos demostraron que México siempre se une, se ayuda, trabaja en equipo y logra objetivos, y me pregunto ¿por qué no podemos siempre actuar así? ¿debemos esperar las catástrofes para entender que somos más, que únicamente malos gobiernos?

El mundo necesita desenojarse, entender que juntos podemos construir puentes de trabajo que disminuyan las desigualdades y mejoren las oportunidades a todos.

Estas nuevas generaciones, los millennials y centennials muy seguramente nos harán enderezar el camino, pues han entendido conceptos que nuestras generaciones desconocieron o malinterpretaron. Nuestra labor será ayudarles con las herramientas para que cimienten los valores que requieren para construir una nueva realidad, la realidad de ese mundo donde todos soñamos vivir.

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