EL POPULISMO NO ES UN CUENTO CHINO

El populismo en una democracia puede llevarnos a vivir situaciones lastimosas con daños inimaginables.

Para el periodista Luis Carlos Vélez el populismo “es una estafa electoral; es la búsqueda de votos bajo promesas que no se pueden cumplir, bajo discursos que suenan bien, pero que no tienen fundamento, bajo resentimientos que solo dejan revancha”.

Estados Unidos acaba de vivir un proceso similar, un candidato populista de derecha, y que al final se convirtiera en Presidente, pero que además de sus continuas bravuconadas, poco ha podido materializar de sus ideas (muro, inmigrantes, riqueza, etc., etc.).

En México, para las elecciones presidenciales de este año, nos hemos llenado de populistas, muy similares a ese neopopulismo latinoamericano que iniciara el fallecido Hugo Chávez Frías y que continuaran Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Cristina Fernández en Argentina y en menor proporción, Rafael Correa en Ecuador.

Hoy escuchamos a los 3 candidatos opcionados, con discursos divisorios, destructivos, donde unos más y otros menos, prometen “el cielo y las estrellas” sin explicar los caminos.

Prometen acabar con la corrupción en 2 años (para disminuir la corrupción necesitaríamos varias décadas, y eso, si realmente se sentaran las bases fuertes de leyes y sanciones), subir el sueldo a los pobres, disminuir el sueldo a políticos, hacer inversiones inverosímiles, destruir lo poco bueno avanzado por los anteriores a costa de lo que sea, perdonar las culpas de los malhechores, entre otra sarta de ocurrencias poco planeadas que nos llevan a dudar de la seriedad con la que estos  personajes están tomando a nuestro país.

Al final de la historia, el populismo siempre lleva a lo mismo. Unos primeros años de gobierno de gasto en todas las promesas, la economía fluye; luego, ya repartido en poder entre las cuotas y los cuates, vienen los problemas de la falta de planificación. Llegan las devaluaciones, la desactivación de la industria, la inflación, la salida del dinero de los grandes capitales por miedo a la inestabilidad, la poca inversión extranjera, etc., etc.

Luego, cuando se acaba la “gallina de los huevos de oro”, vienen los grandes problemas con la acostumbrada solución de incremento de impuestos o creación de nuevos, para que el pueblo sea quien sostenga el gasto público desmedido.

No seamos tontos, un país cualquiera, y más México al ser una de las 15 economías más grandes del mundo requiere de una planeación estratégica profunda que siente las bases de los que necesitamos en 30 años. Que construya desde el hoy, desde lo bueno y lo malo que se ha realizado, para así plantear un país diferente en el largo plazo.

Estos candidatos se han convertido no sólo en populistas, son “magos”, son tan soberbios que ninguno puede aceptar las ideas de otro como positivas para el país. Hoy, iniciando las campañas, nos debe asustar el nivel de quienes pretenden gobernar al país, porque si bien es delicado ser incompetente, lo peor que nos puede pasar es contar con personas inconscientemente incompetentes, pues por lo menos el que conoce sus carencias, se junta con quienes le ayudan, pero quien se siente un mesías, es capaz de llevarnos al camino de destrucción que ya han vivido muchos países latinoamericanos.

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