UNA TAREA MÁS QUE TENEMOS PENDIENTE.

Por estos días se ha llevado a cabo con gran éxito la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Jalisco, con la honrosa presencia de Colombia como país invitado especial.

En medio de autores y diferentes publicaciones, el país andino presentó su cultura al son de un vallenato, además de su reconocida cumbia, la que engalanó la presencia de su novel de literatura, Gabriel García Márquez, un enamorado de México y su cultura, quien desde hace varios años ha decidido vivir en la capital de nuestro país.

Grandes obras escritas por el colombiano han sido traducidas a varios idiomas y leídas por millones de enamorados de sus historias, de su magia que se vuelve realidad… de su Macondo de ensueño.

Esta feria internacional nos ha dado la oportunidad, además de descrestarnos con publicaciones de todo tipo, de preguntarnos sobre nuestra propia cultura, esa que se plasma en un libro por medio del actuar de un traductor de sueños, muchos suyos, muchos de los que ve…

Y es que en materia bibliográfica seguimos a la espera de muchas decisiones y combinaciones que alienten nuestro crecimiento intelectual. Por un lado los precios de las publicaciones se alejan de las mayorías, que optan, o por no leer, o por buscar la “copia pirata” que no siempre es fiel al original, además de incurrir en la aceptación del delito contra los derechos de autor.

Por otro lado nuestras autoridades que por muchos años han sido ajenas a nuestra ignorancia, quizás disfrutándolo, no alentando programas serios que desarrollen la necesidad de la lectura como medio de autoaprendizaje y desarrollo intelectual.

Entre que son peras o son manzanas, hoy México se ubica como uno de los países que menos lee, con un promedio de menos de un libro leído por habitante por año, situación que es alarmante cuando nos comparamos con países como Holanda o Inglaterra que tienen un promedio de arriba de 19 libros por habitante por año, sin ser quienes más leen en el planeta.

En definitiva, hoy por hoy, los jóvenes siguen llegando inclusive a la Educación Superior sin saber leer, con una mediocre comprensión de la lectura, y con una vergonzosa ortografía. No podemos culpar de lleno a la escasa o casi nula lectura por esta falta de competencia en nuestros educandos, pero definitivamente una mejor cultura lectora provee, además de un desarrollo intelectual mayor, la posibilidad del simple contacto con las palabras que luego quizás tengamos que escribir, o por lo menos escoger en el corrector de la computadora, según la intensión que le queramos dar a la frase.

La tarea sigue estando pendiente, cada quien debemos hacer un gran esfuerzo por promover en nuestros hijos el amor por la lectura. Podemos comenzar por dejarlos escoger sus propios libros, jugando con ellos desde niños, logrando ese acercamiento que poco a poco se irá convirtiendo en una costumbre hacia los temas que mas les vayan interesando.

Pero también las escuelas tienen su tarea pendiente. Debemos buscar estrategias que fomenten en los jóvenes el hábito por la lectura, olvidando un poco el facilismo del Internet “que supuestamente todo lo sabe, y peor aún… todo resuelve”.

Tenemos que ser capaces de descubrir la magia de un Miguel de Cervantes Saavedra, y no la tortura de los 4 tomos del Quijote de la Mancha; hay que lograr transmitir a los muchachos que Macondo es pura magia, pero una magia que se traduce en verdad en cada momento que vivimos nuestra propia historia.

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