LA EDUCACIÓN EL ÚNICO CAMINO PARA MÉXICO

Mucho podemos analizar de nuestro México, pero la clave para abatir la pobreza y la desigualdad en el país es la transformación urgente y radical de nuestro sistema educativo.

México vive del petróleo, las remesas, el turismo, la industria automotriz y la agricultura; el delicado problema es que ninguno de estos ingresos nos obligan a tener al capital intelectual (la nueva riqueza del planeta) como elemento primordial de nuestra economía.

El petróleo es gratis, lo tenemos aún en abundancia, así que sacándolo tenemos dinero. Para las remesas necesitamos únicamente la valentía y la insatisfacción de los “héroes” que se la juegan llegando al país del norte, quienes nos envían el fruto de su trabajo. El turismo es una bendición, pues en este país casi todo es hermoso, la arquitectura prehispánica, colonial, moderna, la geografía, la gastronomía… Para la industria automotriz, nos hemos vuelto expertos, armamos, maquilamos. Lo hacemos bastante bien, pero hay muy poca, o casi nula innovación de nuestros cuadros de trabajo en las armadoras. Luego la agricultura, muy básica, muy poco tecnificada.

Si México quiere cambiar su realidad necesita volcar todo su trabajo a un sistema educativo que potencie la creatividad como modo de vida, como solución de problemas, enfocándonos a una innovación que mejore procesos o genere nuevo conocimiento, pero con la encomienda de generar riqueza.

Allí está la clave, estudiantes capaces de resolver problemas por medio de un pensamiento crítico (que entienda el mundo donde viven) y un conocimiento aplicado a la cotidianidad.

Nuestras preguntas detonadoras dentro de las clases del sistema educativo deben evolucionar, pasando de las fechas de nacimiento de nuestros próceres, a las de análisis de valores aplicables a nuestra realidad.

Necesitamos más “makerspaces” y menos salones de 6 por 6. Necesitamos más maestros guías y menos “sabelotodo”; necesitamos más design thinking para resolver y menos lecturas que memorizar.

Según el investigador Miguel Santiago Reyes Hernández “actualmente tenemos 15 millones de jóvenes, de 15 a 29 años de edad, que ya trabajan o realizan alguna actividad económica, de estos, 33% tienen licenciatura y 8% algún posgrado, pero ganan entre uno y dos salarios mínimos; con ingresos de cinco mil 300 pesos mensuales.

Estamos hablando de 41% de los jóvenes –equivalentes a seis millones 150 mil personas, menores de 30 años– con una carrera o maestría, que viven en condiciones de pobreza”.

Otro dato preocupante es que de los casi 55 millones de personas económicamente activas, el 56.9% viven de la economía informal, por lo que no tienen acceso a seguridad social, servicios de salud, ni fondos de pensión.

Nuestra realidad debe cambiar en la medida en que formemos a nuestros estudiantes con una nueva visión, no la de empleado, no la de operador. Necesitamos formar creativos emprendedores, innovadores, hacedores (Do it yourself). Necesitamos formar personas capaces de entender el mundo en el que viven para reconstruirlo desde sus sueños, habilidades y necesidades.

México debe cambiar y lo hará cuando entendamos que el mayor activo que tenemos es nuestra gente, pero para eso debemos educarla con las herramientas que el mundo moderno exige.

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