VUELVE GORDILLO… ¿EN PAZ?

Si algo debe preocupar a nuestro país es el nivel educativo, pues todos sabemos que no andamos nada bien. En educación básica hemos salido muy mal evaluados en las pruebas internacionales, y en educación superior, ya no contamos con la mejor universidad de la región, pues la UNAM bajó varios escalafones para ceder su primer lugar de varias décadas, a las universidades de Chile y Brasil.

La reforma educativa propuesta por el presidente Peña Nieto, aunque perfectible, fue un gran paso para aceptar que algo estaba mal en el sistema y que no podíamos quedarnos con los brazos cruzados.

Desde mi humilde opinión, el presidente electo debería pensar sobre el tema, pues acabar con la reforma sería un retroceso terrible para el sistema educativo.

Esta reforma ha puesto a pensar a las escuelas de México, a la SEP, a la educación privada. Pensar en cómo desarrollar habilidades en los niños que el viejo sistema no desarrollaba y que son fundamentales para el mundo moderno, por lo que destruirla, sería un retroceso lamentable.

Tampoco creo que sea el momento de revisarla, pues se requiere tiempo para medir los resultados de una estrategia, y esta reforma aún inicia.

El camino debiera ser fortalecerla, impulsarla, corregir algunos aspectos mínimos para su correcta implementación; además de ayudar a los maestros para fortalecer sus conocimientos y evaluar su desempeño.

La imagen de la semana anterior al ver y escuchar a la “maestra” Elba Esther Gordillo diciendo: “recuperé la libertad y la reforma educativa se ha derrumbado”, es completamente indignante para un país que debe su atraso educativo a muchos factores, pero entre los que seguro sobresale la gestión que Gordillo durante 15 años realizara en el SNTE, donde además de manejar de manera dudosa los recursos, nos demostró que todo le interesaba, menos la calidad educativa de nuestros estudiantes mexicanos.

Como olvidar sus discursos donde confundió “jocosamente” el nombre del virus de la influenza AH1N1, o en los que no podía leer tres palabras seguidas sin equivocarse. Esta mujer de lujos exorbitantes, de hummers regalados a sus maestros, de compras en Louis Vuitton, Chanel, Prada, Escada, Hermès, Diane von Fürstenberg y Neiman Marcus… la Elba Esther compradora de cuadros de Fernando Botero hoy sale a decirnos que es inocente (el dato más importante de todo el juicio es que el sindicato nunca la denunció), que todo fue una persecución política y que está de regreso con más fuerza que nunca.

Su imagen ante los medios levantando la absolución es una afrenta contra un país que debe su pobreza en gran medida a su sistema educativo. Ese sistema educativo que ella misma paralizó en dos sexenios a la conveniencia de los gobernantes en turno. Ese sistema educativo que protegía la mediocridad de los docentes, la venta indiscriminada de plazas, la herencia de plazas, el derroche y la incapacidad de formar a los educandos que el mundo moderno nos exige para competir dignamente.

Claro, seamos honestos, muchos de estos vicios aún siguen, pero el día en que México vio a esta señora en la cárcel, sentimos un gran alivio y una esperanza de que las cosas en México, en materia educativa, podrían funcionar mejor.

Hoy la “maestra” dice estar de vuelta, con fuerza, pero en paz. ¿Para qué? ¿A dónde? ¿Cómo? ¿Qué buscará? El tiempo lo dirá. Mientras tanto México sigue buscando una solución a su sistema educativo, ese que no funciona adecuadamente y que requiere que sus actores se comprometan desde la práctica docente y la estrategia, antes que, desde la política, los votos, y el descrédito que dan quienes lo usan como trampolín al poder.

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