PENSAMIENTO EXPONENCIAL/DESMONETIZACIÓN: Dos conceptos que debemos conocer

Una definición muy académica del concepto de pensamiento exponencial sería: “un camino para crear soluciones aprovechando la tecnología para impactar positivamente en millones de personas, su mentalidad, habilidades, hábitos, redes y ecosistemas”.

Para entender este concepto, debemos conocer algo denominado desmonetización. Según el periodista Sergio Parra, “la desmonetización se da gracias a la tecnología, pues la mayor parte de los productos y servicios que antes eran caros ahora resultan mucho más baratos y, en algunos casos, incluso son gratuitos. La gratuidad suele aparecer en aquellos productos que pueden digitalizarse, es decir, los productos susceptibles de un coste marginal próximo a cero”. Ejemplos de este concepto son el buscador Google, la enciclopedia Wikipedia, el entretenimiento que genera YouTube, la música de Spotify (cuando antes pagábamos 300 pesos por un CD), o un Smartphone, el cual pareciera caro, pero nos provee de cámara, radio, televisión, navegador de internet, estudio de grabación, sala de edición, cine, GPS, procesador de textos, hojas de cálculo, estéreo, linterna, juegos de mesa, videojuegos, aparatos médicos, mapas, atlas, enciclopedias, diccionarios, traductores, manuales, educación, etc.; cuando hace 10 años la mayoría de estos servicios eran exclusivos de quienes tenían dinero, hoy casi cualquiera y en cualquier lugar puede tenerlos.

Actualmente la generación de nuevo conocimiento es el motor de una economía, por lo que los países que han entendido este concepto están buscando crear mejores sistemas educativos para que sus alumnos sean quienes desarrollen el nuevo conocimiento que les augurará un mejor desarrollo económico.

Lo que debemos entender de una economía centrada en el conocimiento y de pensamiento exponencial, es que este no se adquirirá únicamente en el colegio o en la universidad. Ese viejo concepto de que salíamos de la universidad y con eso tendríamos una seguridad laboral que nos daría lo necesario para vivir, queda hoy completamente rebatido, pues en este nuevo mundo tendremos que aprender constantemente; cada día nuevas cosas, nuevos conceptos; tendremos que tener las herramientas para adaptarnos a los cambios rápidos y cada vez más constantes, y para esto es fundamental que lo que decidamos hacer sea movido por nuestra pasión y no únicamente por la remuneración, como señala Parra en su texto, El conocimiento es el nuevo dinero: “De hecho, ni siquiera parece que trabajar por dinero sea la forma más eficiente de trabajar. Para los pensadores clásicos, trabajar por un salario incluso podría tacharse de inmoral. Un trabajo solo puede ser digno si lo hacemos porque queremos, de lo contrario más que trabajar estamos ejerciendo un rol de esclavo. Además, las tareas que realizamos sin perseguir un fin económico suelen tener resultados más profesionales porque sencillamente nos apasionan: no realizamos las tareas para obtener un sueldo o un ascenso, sino porque disfrutamos haciéndolo, por el simple disfrute de hacerlo bien. Aristóteles sostenía que era incompatible hacer algo que nos realizara y completara y, a la vez, nos pagaran por ello. Eso no significa que no podamos hacer las cosas bien si nos pagan por ello, sino que nos pagan para que las hagamos bien incluso los días en que no nos apetece o apasiona hacer lo que hacemos”.

Al final de cuentas creo que los sistemas educativos deben ser los responsables de la formación de educandos que generen nuevo conocimiento, y para esto creo que la fórmula sería: Formar jóvenes creativos que generen innovación aplicada a problemas cotidianos, y a nuevo conocimiento, generando riqueza. Y todo esto deberá ser movido por nuestras habilidades y destrezas, conectadas con la pasión hacia lo que nos guste hacer.

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