¿Y CUÁL ES NUESTRA APORTACIÓN?

Nuestra ciudad sigue teniendo algunos problemas ambientales que nos deben causar bastante preocupación. El agua por ejemplo, es uno de ellos. Para algunos investigadores, Aguascalientes está entre las 10 ciudades del mundo donde este tema ya no tiene solución; y es que cada año está un metro más profundo el vital líquido, lo que nos genera mucha incertidumbre en cuanto al abastecimiento futuro.

Otro tema que es interesante de observar, es que por la posición geográfica de nuestra capital, con relación al hueco que existe en la capa de ozono, los rayos del sol inciden con mayor fuerza en ciertas épocas del año, ocasionándonos una mayor posibilidad de presentar cáncer de piel, para quien no toma las medidas adecuadas.

Nuestro clima no es extremoso, pero últimamente hemos tenido algunos veranos fuertes que en algunos años han presentado temperaturas que normalmente no acostumbrábamos; pero aún no hemos tomado las medidas que nos ayuden a disminuir este calor intenso; además presentamos un mayor gasto energético que se genera por la utilización de aires acondicionados, que no sólo consumen energía, sino que por los gases que requieren para su funcionamiento, aumentan la destrucción alarmante de la capa de ozono que nos protege de la inclemencia solar.

Chicago por ejemplo, es una ciudad que está trabajando arduamente en este tema. Con una política seria de tapizar de jardín sus azoteas, ha logrado que en los fuertes veranos que acostumbran, se baje en el interior de los edificios casi 10 grados centígrados, lo que además de mitigar el calor, es una excelente aportación a la disminución en el uso de los aires acondicionados.

Algunos países también se han sumado a este tipo de proyectos. Holanda, con su elegante aeropuerto Schiphol, Canadá con su interesante biblioteca Pública en Vancouver, y Francia, son algunos buenos ejemplos de este compromiso con un planeta que para muchos ya está en el quirófano.

Alemania, es un ejemplo para estudiar con detenimiento. Desde hace medio siglo inició con el proyecto de las terrazas verdes, y ya cuenta con más de trece millones de metros cuadrados de terrazas con jardines, que además de funcionar como aislante en los edificios, se aprovecha como espacio de esparcimiento y descanso de los oficinistas.

Tokio también se sumó al proyecto de terrazas verdes. Desde el 2001 todos los edificios de más de mil metros cuadrados, debe cubrir de vegetación por lo menos el 20% de sus terrazas y cubiertas.

En fin, en el mundo son muchos los ejemplos que podemos asumir como guía para nuestras propias acciones.

Desde ya debemos trabajar en propuestas que nos ayuden a comprometernos con una cultura ambiental que nos alargue la vida del lugar donde vivimos.

No es un camino fácil. Para importantes ambientalistas, el daño ya está consumado, y los pañitos de agua tibia que actualmente llevamos a cabo, sólo nos darán un tiempo más hacia lo que es inevitable. Ellos consideran que las medidas que reviertan el problema son demasiado drásticas y por lo tanto inaceptables para nuestro mercado capitalista.

Por lo pronto considero que no debemos ser complacientes, de nosotros dependerá que  nuestros hijos emprendan el camino que nosotros no hemos sido capaces de asumir hacia el cambio cultural que nos evite la destrucción que hemos causado a costa de nuestro “supuesto desarrollo”.

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