NIÑOS ABURRIDOS EN LA ESCUELA

Educación sin emoción, no existe. Un niño necesita motivarse frente al aprendizaje para que se logre una conexión positiva hacia la construcción del conocimiento.

Partamos de una premisa: El sistema educativo se equivoca cuando se centra en que los estudiantes únicamente memoricen conceptos. Tenemos que enfocarnos en construir NUEVO conocimiento, utilizando lo que ya tenemos.

Para la pedagoga Ferrá Adriá “no existe Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), solo niños aburridos en clase”. A su juicio, “medicar con anfetaminas a niños de dos años con supuesto TDAH para que se concentren es, sencillamente, una barbaridad”.

Tenemos que entender la obsolescencia de nuestro sistema educativo y la urgente necesidad de construir un sistema para los estudiantes del siglo XXI con las connotaciones especiales que nos exige este siglo donde el nuevo petróleo se llama: Conocimiento; pero no ese conocimiento que se memoriza, más bien, ese nuevo conocimiento que se crea.

Para Adriá: “Igual que un médico no puede operar sin anestesia, como en el siglo XIX, hoy no se puede aprender con una lección tradicional, donde lo único que se consigue es una educación bulímica, donde te atracas de información que vomitas el día del examen y a los tres segundos cuando has salido por la puerta has olvidado todo. Ese es el paradigma al que te lleva una educación tradicional. Hay que ir hacia una educación experiencial, motivadora, activa…”

Si entendemos que cada alumno es individual y, por lo tanto, cuenta con habilidades diferentes, es absurdo llevar a que el grupo completo se comporte igual, tomen los mismos apuntes y respondan lo mismo en cada examen. Nadie piensa, todos simplemente responden repitiendo lo que ya está escrito en los libros… catastrófico.

Según Ferrá, la posición del nuevo docente debe ser la de “entenderse como un productor cultural, como un artista. Debe saber tomar conceptos y «remixearlos», entendiendo como «remixear» el sistema de producción contemporánea. Eso no es copiar. Es relacionar. Y crear tu «playlist» de la clase”.

Para lograr esto, debemos también cambiar la formación del docente, pues nos pasamos la vida criticando a nuestros maestros, pero cuando crecemos y nos convertimos en uno, casi siempre terminamos siendo una versión muy similar de lo que criticamos.

El nuevo maestro del siglo XXI debe ser divertido, culto, experimentador, empático, sensible. Una persona humilde capaz de aceptar sus errores, pero con la valentía de construir el conocimiento de la mano sus alumnos, un guía que junto con su grupo tenga la consigna de construir un mundo mejor.

Tenemos que desechar la idea de ese maestro insensible, y sabelotodo que simplemente llega, dicta, evalúa y se va.

Un maestro del siglo XXI debe ser capaz de tocar la mente y el corazón de sus alumnos para juntos soñar con la construcción de ese planeta donde todos queremos vivir.

Al final, los niños son el mayor valor de una sociedad, así que tenerlos años y años encerrados en un salón sin motivarlos y conectarlos para que sueñen y creen, es el peor desperdicio que como sociedad podemos tener.

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