¿El maestro es sustituible?

“El niño es ciudadano activo, no pasivo de la sociedad. Es un potencial constructor de nuevo conocimiento”

Hace unos días tuve la fortuna de participar como panelista en un evento virtual denominado: ¿El maestro es sustituible?, maravillosa y provocadora pregunta en tiempos de Covid-19 donde la tecnología pareciera el único camino y el indiscutible aliado (no siempre le hemos visto así), en la formación de nuestros chicos.
Carmen Iglesias (artesana de la red), Valentina Haas (docente apasionada), Melchor Gómez (profesor de tecnología educativa), Marcela Momberg (profesora de la era digital), Laura Oscos (amiga y maestra apasionada) y un servidor, tuvimos la fortuna de ser moderados por el gran maestro español José Blas García, quién sacó lo mejor de nosotros llevándonos a un interesante debate donde buscamos expresar nuestras ideas en cuanto a la sustituibilidad del docente en el siglo XXI.
Quiero usar este medio para sacar algunas conclusiones que me quedaron de este excelente espacio que unió a maestros de España, Chile, Colombia y México.
Para comenzar quisiera señalar que la Universidad 42 de París, ha sido el primer modelo en el mundo, de una universidad sin docentes, y que ha logrado ubicar exitosamente a todos sus egresados. 42 es una universidad para creativos, programadores y desarrolladores fundada en París, Francia, en el 2013, que además de innovadora, está abierta las 24 horas del día. El sistema de enseñanza utilizado se denomina “peer to peer learning”, es decir, aprendizaje entre compañeros. Este ejemplo no es menor de señalar, en medio del momento actual en el que vivimos, donde no todos los docentes han aceptado la enseñanza en línea que nos ha exigido la pandemia por Covid-19.
Creo que este caso de la 42 merece un análisis particular, pero me parece interesante traerlo a colación en el entendido de que mientras sigamos concibiendo el aprendizaje de nuestros niños, como un proceso aburrido, donde pretendemos llenar la cabeza de ellos con datos evaluables, seguramente se desarrollaran diferentes alternativas que buscarán alejar al docente del proceso, o a depender cada vez menos de él.

Ante la pregunta del debate, mi respuesta es y será: SÍ.
Sí deben desaparecer los profesores que hacen aburrido y tedioso el proceso educativo. Deben desaparecer los profesores que solo ven problemas en lugar de oportunidades (la propia pandemia es un momento maravilloso para formar ciudadanos diferentes). Deben desaparecer los maestros que no entienden la gran oportunidad de apoyo que nos dan las tecnologías, que no logran hacer equipo con las familias; que se sienten “magnánimos”, esos maestros que se van por el camino fácil de rellenar cerebros para que los alumnos “vomiten” respuestas predeterminadas en los exámenes, hoy más que nunca deben desaparecer.
Pero no todos los maestros deben sustituirse. Bienvenidos los maestros cultos y divertidos a los que les gusta prepararse, leer, escuchar, guiar; los de mente abierta, que van al cine y escuchan música; los que viajan, son resilientes, y resuelven conflictos. Estos son los maravillosos maestros que unen todo ese bagaje para aplicarlo en el acompañamiento de los niños hacia la construcción de nuevo conocimiento.

Cierro con una excelente frase de la maestra Mar Romera: “La escuela del siglo XXI, no es la que enseña, sino la que aprende, la que escucha, la que respeta y la que permite que los niños y niñas sean agentes de cambio en el futuro”.

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