¿MIRAREMOS AL SUR?

La violencia creciente en el mundo cada vez es un tema que adquiere mayor importancia en las agendas de los mandatarios del planeta. Problemas limítrofes, religiosos, intereses económicos y políticos, son las excusas para que convivamos cada día en un entorno de incomprensión que nos afecta en el desarrollo natural que deberíamos tener como seres humanos.

Un ejemplo cotidiano es lo que vive nuestra Latinoamérica sumida en una pobreza creciente a causa de deficientes políticas públicas y de desarrollo, lo que la ha convertido en un excelente “caldo de cultivo” para los problemas de violencia y destrucción que nos aquejan.

La semana pasada recibimos la excelente noticia de que la ex candidata a la presidencia de la República de Colombia Ingrid Betancourt secuestrada el 23 de febrero del 2002, era liberada por el ejército colombiano después de seis años de cautiverio en las selvas de este país sudamericano, junto con 14 civiles más, tres de ellos de nacionalidad estadounidense.

Esta noticia fue portada de todos los periódicos del mundo, que admiraban la pericia del ejército colombiano, que sin disparar una sola bala, fue capaz de liberar a este grupo de seres humanos privados de su libertad.

El secuestro junto con la violación, considero que son los delitos más infames que un ser humano pueda cometer. Hoy Colombia, le dio una lección de honorabilidad y civilidad a la guerrilla de este país, ya que a pesar de tener la posibilidad de arremeter con furia y venganza sobre los “cuidadores” de estos 15 secuestrados, prefirió darles una lección de respeto a la vida, lo que se convierte desde ya, en la principal y evidente acción de Colombia por recuperar la paz que perdió hace más de 4 décadas.

Hoy las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) están debilitadas. Luego de varios golpes a su infraestructura e inteligencia, más que nunca este grupo esta lejos del poder amedrentador del que gozó por muchos años con la complicidad de gobiernos indiferentes o amedrentados por el poder ofensivo de estos delincuentes.

Hoy, y en nombre de muchos colombianos que han sufrido el rigor de la violencia, le pedimos a Hugo Chávez, a Daniel Ortega, a Rafael Correa, y a Evo Morales, que por favor se dediquen a trabajar por desarrollar las economías de sus países, olvidándose por completo de este grupo delincuente que tantas vidas ha cobrado en Colombia, y que tiene a este país en un atraso importante con respecto a las primeras economías latinoamericanas.

Cada día tiene su sudor y cada historia su dolor; pero hoy Colombia por fin recibe un rayo de esperanza, gracias a un gobierno con voluntad y a un pueblo que ha aguantado en carne propia los rigores del conflicto. Hoy Colombia da un ejemplo al mundo de que la voluntad política sumada al convencimiento de su gente, es el único camino para derrotar a quienes se escudan en el dolor del otro para obtener sus propios beneficios.

Ojala que nuestro México mire al sur, tratando de aprender antes de vivir, por que la violencia que hoy tenemos es el reflejo de una sociedad cada vez más enferma e intolerante, capaz de destrozar a su paso a quienes a diario trabajamos en construir un mejor lugar para existir.

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