EL SEPERHÉROE DEL DESARROLLO

Como siempre he señalado, la educación es el principal parámetro para medir el desarrollo de un país. A mayor educación, mejores oportunidades… menor educación, la autopista a la pobreza se hace más ancha…

Ante un panorama complejo de subdesarrollo en Latinoamérica, la educación hoy más que nunca se torna en el objetivo a alcanzar como el principal camino de acercamiento al tan anhelado desarrollo.

Si bien hoy México invierte cerca del 6% del PIB en educación, gran porcentaje de éste se aplica al pago de salarios, lo que deja en segundo término a los programas que se requieren para cambiar el rumbo de la educación en nuestro país.

Hablando de los educandos, nuestros jóvenes actualmente se encuentran en una situación complicada que los aleja de los resultados que requerimos para el desarrollo esperado. Problemas familiares, alcoholismo, drogadicción, bulimia, anorexia, ortorexia, soledad, entre muchos otros, son las constantes que hacen parte de la vida de nuestros estudiantes. Aunado a esto, se encuentran los medios de comunicación, que indiscriminadamente se han encargado de decirle a los jóvenes que el único camino para ser exitoso en la vida, es siendo guapo, rico y muy delgado…

Ante un panorama tan complicado, nuestros catedráticos se convierten en la pieza clave para la instrucción que hoy requerimos.

Ese maestro anticuado que ejerce su autoridad en base al miedo y al exceso de trabajo por incumplimiento de las normas; ese maestro que durante años explica los mismos conceptos sin actualizarse; ese maestro obsoleto que concibe el conocimiento como algo estático e involutivo; ese maestro que se enfoca más en recibir su compensación económica, que en trascender por su enseñanza; ese maestro que olvidó su vocación para convertirse en un dinosaurio que enseña con los mismos errores de hace 20 años… Ese maestro hoy más que nunca, debe transformarse.

Hoy requerimos de un nuevo guía que camine de la mano con su grupo, que conozca los problemas de cada quien, que se gane el respeto por su comprensión y humildad. Hoy México necesita de tutores con la valentía de aceptar la ignorancia, pero con una amplia voluntad de querer aprender. Hoy nuestro México necesita de hombres esponjas con hambre de conocimiento, y con la voluntad de transmitirlo sin miedo a sentirse rebasados.

Nuestro México necesita de un superhéroe capaz de lograr el objetivo de educar para la vida como un ser integral, por encima de los problemas que los estudiantes hoy tienen que soportar. Necesitamos de seres humanos capaces de entender que en sus manos está el futuro de desarrollo que México necesita para darles mejores oportunidades a todos. Hoy México necesita de menos “burocracia educativa”, pero de una mayor entrega incondicional.

Hoy la labor del docente es la clave y la diferencia entre el éxito y el fracaso. Un éxito que nos acerque al anhelado desarrollo, o un fracaso que nos refunda en la dolorosa pobreza.

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