NUESTRO PLANETA AL BORDE DEL COLAPSO

Nuestro planeta atraviesa una crisis preocupante que nos augura un futuro no muy alentador. Guerras ideológicas, hambrunas, desigualdades vergonzosas, crecimiento de la pobreza, enfermedades, alzas constantes de los combustibles, cambios drásticos en los climas, violencia extrema, racismo, caídas de las bolsas de valores, etc., etc.

Hoy nuestro mundo comienza a pasar factura por la despreocupación que en los últimos dos siglos principalmente, hemos tenido con la naturaleza que todo nos ha entregado.

Y es que si miramos algunos datos que hoy son parte de nuestra realidad, podemos entender el por que nuestro planeta esté al borde de un colapso, y el de sus habitantes.

En la actualidad talamos alrededor de 15 millones de hectáreas cada año, de las cuáles 6 millones se vuelven desierto. En nuestra América Latina acabamos con 22 hectáreas de bosques por minuto, casi todas en el amazonas (pulmón del mundo). Entre enero y diciembre de este año, estaremos enviando a nuestra atmósfera alrededor de 11.000 toneladas de gases y humos tóxicos, situación que nos genera gravísimos problemas de todo tipo, con el agravante de que cada día es más común el nacimiento de niños con plomo en la sangre, con las consecuencias que esto acarrea.

En nuestra ciudad, con los problemas tan delicados que tenemos con el agua, y estamos en los primeros lugares a nivel nacional de consumo de agua por habitante.

En definitiva, nuestro planeta está en un estado de indefensión con respecto a sus habitantes que día a día exprimen sin control sus recursos, en busca de la riqueza de unos pocos, y del sostenimiento de las superpotencias, a costa de cualquier precio.

Algunos ecologistas ya han desahuciado a nuestro planeta. Jaques Costeau, por ejemplo, antes de morir comentaba que la primera medida que el mundo debería tomar para pensar en un cambio que evitara la catástrofe, era desaparecer los vehículos por completo, media que seguramente nunca tomaríamos.

Hoy se habla que ante la escasez del petróleo, podrían ser los biocombustibles, cuyas bases son el etanol y los aceites vegetales derivados del maíz y la caña de azúcar, quienes podrían resolver la situación que ya se avecina. El problema más delicado, es que su uso nos generaría una disminución considerable de las reservas de los países productores de estos alimentos, debido a que la elaboración de esos biocombustibles requerirían de materias primas que antes se utilizaban para satisfacer el consumo humano, y por que millones de hectáreas de tierras fértiles serían utilizadas para obtener este material carburante, lo que con el tiempo generaría una segura escasez de víveres, con sus consecuentes hambrunas, las que ya son una realidad en varias zonas del planeta.

En conclusión, los datos nos presentan un futuro poco halagador, por lo que desde ya es una obligación de todos los que integramos el mundo, el trabajar en una cultura de ahorro y prevención (reciclaje, ahorro de agua y consumibles, racionalización de recursos, entre otros), que nos ayude a alargar la vida del planeta azul, el cual estará a la espera de que nuestros hijos sean capaces de revertir el daño que para muchos ya es irreparable.

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