¿OTRO IMPUESTO A LA EDUCACIÓN?

Cuando en México se realizó el primer censo en el año de 1895, de los casi 13 millones de habitantes, el 82.1% eran analfabetas. Hoy, y tomando en cuenta el último censo, en el país contamos con una tasa de analfabetismo del 9%, que si bien es bastante diferente a la del primer censo, el actual porcentaje no nos debe dejar nada satisfechos, cuando vemos que en diferentes países de Latinoamérica como Argentina, Chile, Uruguay y Costa Rica, la tasa de analfabetismo no supera el 5.0%, y mas aún cuando en países desarrollados como Estados Unidos, Canadá, Alemania o Japón, su tasa es de 0%.

Otro tema educativo que nos debe preocupar es que de los casi 15 millones de niños que ingresan en promedio a la primaria, menos del 2% logran terminar una licenciatura; por lo que hoy con vergüenza, debemos presentar al mundo que únicamente el 8% de nuestra población cuenta con una licenciatura.

Hace unos meses muchas instituciones educativas a nivel nacional se promovían en contra del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), el cual ha estado demostrado que afecta gravemente a la calidad de la educación en nuestro país.

Hoy, algunos de nuestros brillantes y “coherentes” gobernantes han iniciado el diálogo para incluir un impuesto más a las instituciones educativas privadas, el Impuesto al Valor Agregado (IVA), un 15% más a la carga pesada que hoy llevan a cuestas las instituciones que desde hace muchos años han trabajo para formar a los estudiantes que por diferentes motivos no se pueden insertar al sistema educativo público de  nuestro país.

Si bien no todas las instituciones educativas privadas en México tienen calidad, hay muchas que están trabajando con gran esfuerzo por alcanzar los estándares de competitividad que requieren los jóvenes para ampliar su abanico de posibilidades de desarrollo profesional.

En la actualidad, México se encuentra inmerso en una crisis económica compleja, que se suma a la preocupante crisis educativa que vive el país desde hace algunos años, y que ha quedado demostrada  en los deficientes resultados académicos obtenidos en las evaluaciones mundiales. Antes que pensar en exprimir los bolsillos de las familias, que son quienes al final terminan pagando los incrementos en las colegiaturas, debiéramos pensar en esquemas de apoyo  y beneficio a las instituciones educativas privadas que demuestren calidad y eficiencia en la formación de sus educandos.

Hoy México es un país que cuenta con casi 70 millones de pobres, una pobreza que se combate con educación, una pobreza que se combate fomentando la calidad en la instrucción académica llámese pública o privada. Una pobreza que antes de ser erradicada, avanza a pasos agigantados, alejándonos año con año del anhelado desarrollo.

No cerremos los ojos, a través de la historia ha quedado completamente demostrado que la única manera de cambiar los resultados económicos en un país, es por medio de la capacitación de su gente y para esto hay que invertir decididamente en fortalecer los procesos educativos y por ende en las instituciones educativas llámense públicas o privadas; así que a los señores legisladores les podemos decir que con decisiones como estas, el camino a la pobreza es la autopista de la ignorancia.

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