CASI SÚPER HÉROES.

No hace muchos año, en nuestra sociedad, específicamente en las familias, cada cual tenía su rol: mientras que el padre de familia salía a trabajar, la mamá cocinaba, hacía las labores domésticas y junto a la cabeza de familia, brindaba los valores necesarios para que sus hijos emprendieran el vuelo.

Mientras tanto en las aulas, los maestros se encargaban de brindar la educación básica a sus alumnos. Hoy por hoy, los papeles han cambiado. El padre trabaja y es cada vez menos el tiempo que está en el hogar, la madre se divide labores entre las de casa y las de  un empleo de medio tiempo pues el dinero de una sola persona ya no alcanza para sobrevivir…

Por su parte los maestros deben jugar 3 roles: el de papá, mamá y maestro. A lo largo de mi vida he conocido a muchos de ellos y los agradezco infinitamente, pues cada uno ha influido de diferente forma pero en igual magnitud en mi vida y son quienes me formaron, me guiaron por el camino y me dieron las herramientas necesarias para ser quien ahora soy.

Nuestros hijos pasan más de la mitad de su día en un aula de clases, crecen con los consejos de aquellos que conocen como sus hermanos, sus compañeros de clases y aprenden de la invaluable experiencia de los profesores. Indudablemente, los maestros se han enfrentado año con año a diferentes problemáticas:  la hiper actividad infantil que caracteriza a las actuales generaciones, la rebeldía de los “nuevos jóvenes”, las secuelas que deja un divorcio en la familia, pero sobre todo quisiera enfocarme en la desvalorización que desafortunadamente  se vive en nuestra sociedad.

Es por ello que la tarea de una maestro, de un verdadero maestro en todo el sentido de la palabra se ha vuelto más compleja ya que  además de enseñar el ABC, los elementos de una tabla periódica, la historia de México,  las ecuaciones matemáticas, etc., debe llevar hasta las personas que ocupan los pupitres, los valores que en el camino se han ido perdiendo, han tenido que luchar contra el peor enemigo de la actualidad: la falta de atención por parte de muchos padres de familia.

La realidad es cruda, pero es necesario hacerle frente; cuando los chicos tienen algún problema de cualquier índole, no se acercan a los padres a pedirles consejo por miedo a ser reprendidos y mucho menos acuden a un compañero que seguramente sabe tanto o menos que ellos, pero sí acuden a los maestros, quienes por ética profesional o por “amor al arte”, no hacen más que guiar por el buen camino a nuestros hijos.

Y para muestra basta un botón, hace unos días una Catedrática de la sección preparatoria se acercó a mí para preguntarme cómo podía hacer para que los jóvenes no se tomaran la vida tan a la ligera.

Es por ello que hoy, atente la problemática actual que se nos presenta, necesitamos de “súper maestros”, que además de transmitir sus valiosos conocimientos, sepan guiar a sus jóvenes, dar consejos oportunos y que estén atentos a señales de alerta que muchas veces los alumnos sólo muestran en sus escuelas.

El día de hoy quisiera expresar la inmensa gratitud y admiración que siento hacia los maestros, quienes día con día luchan por conseguir la excelencia de nuestros jóvenes; es por ello que nunca debemos dejar de reconocer esa loable labor que realizan, y que es primordial para la formación de los seres… Felicidades.

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