LA FAMILIA: Célula base del cambio de rumbo

Cada día nos asombramos más a las condiciones que vive nuestro planeta; guerras, pobreza, pérdida de valores, adicciones, destrucción…

Hoy cuando volteamos atrás, vemos como en no más de dos siglos hemos logrado poner las cosas “patas pa´ arriba”. En dos siglos logramos convertir el paraíso en un lugar donde las desigualdades, el dolor y la violencia se viven a la vuelta de cada esquina.

Si bien nuestras actuales condiciones como sociedad no son las más favorables, definitivamente en nosotros está la solución y el cambio que necesitamos para enderezar el camino.

Muchas veces pretendemos culpar a los gobiernos como únicos responsables de nuestras desgracias, cuando el resultado de lo que hoy tenemos hace parte de una “irracionalidad aceptada por todos”; una irracionalidad a la que nos resignamos ante la imposibilidad de buscar caminos diferentes a lo que hoy tenemos que vivir.

Lo más importante que debemos entender es que los actores de nuestra realidad somos nosotros mismos y no “extraterrestres” que hacen el mal al interior de la sociedad. Por lo tanto nosotros debemos estructurar el camino por medio del fortalecimiento de la familia como célula principal que construye comunidad. Hoy la familia se debe convertir en el cimiento sólido que necesitamos para romper ese complicado paradigma de aceptación de nuestro presente.

Los hijos deben ser el resultado del trabajo de los padres; un trabajo de refuerzo de los aspectos que necesitan para enfrentar la cruda realidad. Debemos ser capaces de inducir en ellos la capacidad de resolver problemas con una adecuada toma de decisiones, además debemos estructurar su capacidad de asumir riesgos, pero con la habilidad de medir y controlar las consecuencias de sus decisiones.

Yo personalmente considero que todos los seres humanos vivimos con dos entornos, el inmediato que es la familia, y uno externo que es el referente a la relación con quienes nos rodean (no familia) y con la naturaleza. Hoy debemos apoyar a nuestros hijos en la construcción de sus entornos. Por un lado debemos lograr que los hijos aporten en su familia en una relación de ida y vuelta con la responsabilidad de sumar en la solución de los problemas cotidianos vividos al interior. Por otro lado debemos construir su entorno exterior concientizándolos de lo que hoy vive el planeta y la responsabilidad que tenemos para alargar la vida de nuestro “gran hogar”. También debemos trabajar para que su socialización sea adecuada en la construcción de la comunidad. Hoy tenemos que hacerles entender que sin importar la posición social, todos somos iguales y valemos en la medida en que logremos quitar las barreras, que escudadas en la seguridad, terminan por destruir y dividir.

Hoy más que nunca tenemos la obligación de trabajar en conjunto, aceptando nuestros errores y la vulnerabilidad propia y la de nuestros hijos, para desde allí iniciar un camino diferente que nos ayude a enderezar el rumbo de una sociedad que hoy se siente enferma y desorientada; una sociedad que ha terminado por creer que en el tener, se encuentra la solución a los problemas y a la felicidad, una sociedad vacía y sola que aunque lo “tiene todo”, cada día se siente más vacía.

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