ACTUAR DE CORAZÓN: Un cambio radical.

El mundo que vivimos nos exige revalorar la esencia del ser humano. Hoy más que nunca nuestro planeta está urgido de un cambio radical en nuestra actitud, que hoy se ve desorientada ante una pérdida de valores cada vez más generalizada. Abusos, racismo, irreverencia, odio, maldad, entre muchos otros son las constantes en un “mundo enfermo”.

Yo considero que cada ser humano consta de dos entornos básicos para su socialización; un inmediato que es la familia y un externo que se refiere a la relación con otros seres humanos y con la naturaleza.

Hoy vemos que ambos entornos están seriamente afectados. Por un lado la familia como célula básica (cimiento) de toda persona, ha perdido su valor, convirtiéndose en muchos casos en partícipe de los desórdenes que hoy vive al interior. En cuanto al entorno exterior, el individualismo cada vez toma mayor importancia debido a la desconfianza que sentimos al entablar relaciones con ajenos, y en cuanto a la naturaleza, nuestro actuar ha sido de absoluta dominación y control, con los desastrosos resultados que hoy son patentes en el desorden que vive nuestro planeta.

Yo realmente considero que debemos volver a la esencia de recuperar la familia como ente constructor de sociedad. Una familia fortalecida en el diálogo, el análisis y la comprensión de los más profundos problemas que la atañen. Desde allí, y sólo desde allí lograremos fortalecer esos dos entornos claves que marcan la diferencia del éxito o fracaso de nuestra humanidad.

Hoy le debemos mucho a nuestro planeta. Hoy le debemos mucho a quienes nos rodean. Esas diferencias tan marcadas entre ricos y pobres cada día terminan por doler, acentuando los problemas que hoy vivimos.

Un aspecto sumamente importante en la construcción del entorno exterior en lo referente a la socialización, es la necesaria sensibilización que debemos tener con quienes por alguna razón sufren los dolores de una sociedad injusta. Hoy como nunca la pobreza (1 de cada 6 personas en el mundo cada día pasan hambre) y el abandono debieran despertar en nosotros la inmediata acción que mitigue el dolor de quienes sufren cada día. Un grupo vulnerable de nuestra población son los ancianos, quienes dieron su trabajo acumulando sabiduría, pero que hoy son relegados ante una sociedad que exige “velocidad de respuesta”.

Para 1900 teníamos casi 4.000 mayores de 60 años en nuestra ciudad. Hoy nuestra Aguascalientes cuenta con alrededor 60.000, muchos de ellos en condiciones que nos debieran preocupar. Cada mes el DIF estatal recibe por lo menos 10 denuncias de abandono de ancianos, lo que resulta increíble para una sociedad como la nuestra a la que consideramos “civilizada”.

Hoy se habla de la ley para la Protección Especial de los Adultos Mayores del Estado de Aguascalientes, herramienta que nos ayudará a mitigar tan complejo problema, pero definitivamente sólo la sensibilización de quienes hoy vivimos en el Estado nos darán las armas para aportar con quienes construyeron con sus manos la historia de nuestra capital.

En conclusión el camino a seguir es el de “romper nuestra burbuja” e iniciar un cambio de actitud frente a un entorno exterior adolorido; porque definitivamente las leyes se hacen para facilitar las cosas, pero en nosotros está el actuar de corazón.

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