DESPUÉS DEL DOLOR… Una oportunidad de cambio.

El terremoto sufrido hace unos días por nuestro hermano pueblo de Haití nos pone a la luz pública el atraso que vive este país gracias a la constante inestabilidad y a la violencia política que lo han llevado al último peldaño en el Índice de Desarrollo Humano en América Latina.

Lo sufrido por Haití invita a los líderes mundiales a trabajar por este pueblo no sólo durante la etapa crítica actual, sino también en un futuro corto, en la búsqueda de una mejora en las condiciones sociales de un pueblo que se ha mantenido fuera de los objetivos de ayuda mundial. Lo peor que pudiera pasarle a los haitianos es que una vez superada la emergencia creada por este fenómeno natural, Haití pasara al anonimato que siempre ha tenido ante los ojos de los principales países del mundo.

Varios líderes mundiales se han proclamado por una ayuda estructurada que siembre las bases de un país diferente. El presidente de Estados Unidos se ha comprometido con la reconstrucción de Puerto Príncipe y ha enviado entre muchas otras cosas, el apoyo de 10.000 soldados que inicien la cruzada por la reconstrucción de esta nación.

Algunos Presidentes Latinoamericanos como Felipe Calderón o Álvaro Uribe de Colombia han propuesto que quienes decidan apoyar se les asigne una obra en específico a fin de utilizar las habilidades que ciertos países tienen en el desarrollo de infraestructura. Y es que la verdad hay mucho que realizar. Según Naciones Unidas, el terremoto además de las incontables muertes también dejó sin vivienda a más de 300.000 personas, destruyó hospitales, sedes administrativas, escuelas, infraestructura portuaria, y hasta la casa presidencial.

Otro líder mundial que se ha proclamado es Nicolas Sarkozy quien a nombre de Francia pidió la condonación de 78 millones de dólares que Haití tiene con el Club de París, luego de que el país galo haya borrado la suya.

La Unión Europea se reunió en un esquema propositivo de trabajo a corto y mediano plazo que busque la pronta reconstrucción del país insular, tomando en consideración que antes del terremoto el 70% de la población de Haití vivía por debajo de la línea de miseria, y con este evento perderá hasta más de  15 puntos porcentuales de su bajísimo Producto Interno Bruto, según lo presentado por el Banco Mundial.

Al final de cuentas seamos líderes mundiales o no, tenemos un compromiso con este pueblo del continente que hoy sufre por la devastación y la desesperanza. Hoy más que nunca nos debemos solidarizar, costumbre de nuestro gran pueblo mexicano, con las víctimas. Es momento de ablandar nuestro corazón y apoyar desde nuestras posibilidades a los haitianos que hoy parecen sin rumbo y dependientes únicamente de la buena voluntad de las naciones y sus habitantes.

Nuestro compromiso con el país más pobre de América Latina debe ser de entrega total y de apoyo para que de manera digna no solo salgan de este devastador problema, sino que se logren sentar las bases de una nación diferente con mejores oportunidades para sus habitantes.

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