DOS TERREMOTOS. Resultados muy diferentes.

Tal parece que la naturaleza se ha ensañado con nuestra América Latina. Por un lado la destrucción generalizada que vivió el pueblo haitiano que a pesar de haber recibido de manera inmediata la ayuda de muchos países, aún ve difícil el camino de reconstrucción y búsqueda de la normalidad que vivían antes del remesón de la naturaleza. Si bien los edificios se irán levantando con relativa calma debido a la pobreza del país, lo difícil será olvidar el miedo y horror que se vivieron durante los segundos del impresionante terremoto.

Hoy es el pueblo chileno quien clama por la ayuda mundial, situación que seguramente retardará el ingreso de este país sudamericano al primer mundo. Hasta hace poco la economía y los avances del pueblo chileno nos hacían pensar que este país sería el primer país latinoamericano en ingresar al círculo del Primer Mundo en un corto tiempo. Hoy Chile es ejemplo para América Latina por ser el único país de la región que ha sido capaz de reducir la pobreza desde un 43% de la población a un 13% en las últimas dos décadas, ojalá que este doloroso percance no retrase el objetivo planteado por los gobernantes chilenos de ingresar al Primer Mundo antes de acabar la presente década.

Si bien estas dos tragedias fueron bastante diferentes por la magnitud y destrucción generada, la realidad es que en dos meses estos dos terremotos pasaron a la lista de los movimientos sísmicos más fuertes y devastadores de la historia.

Si realizamos un análisis comparativo de los dos terremotos encontramos importantes diferencias. Por un lado el de Haití fue de 7,7 grados en la escala de Richter con por lo menos 217 mil muertos, cifra que al final de la remoción de escombros pudiera estar superando los 300 mil fallecimientos, mientras que el de Chile, que fue de 8,8 y según expertos 50 veces más fuerte que el de la isla, las víctimas fatales identificadas son 452. Este terremoto chileno estuvo muy cerca de convertirse en el más fuerte de la historia de este país, superado únicamente por el de la localidad de Valdivia que en 1960 dejó cerca de 3 mil muertos.

Y es que mientras en Haití las construcciones son en base a cemento y arena, y levantadas por sus habitantes con poco control de las autoridades y sin el seguimiento de normas antisísmicas, en Chile las cosas son bastante diferentes, ya que las construcciones son las mejor preparadas del mundo para este tipo de tragedias naturales, situación que quedó plenamente comprobada con el terremoto vivido hace unos días.

Al final de cuentas vemos que la dimensión de estas dos catástrofes estuvo directamente relacionada con la planeación que ambos países tuvieron con respecto a este tipo de acontecimientos.

Cada día nuestro planeta se ve más agresivo contra los seres humanos y sus construcciones; y es que el último siglo de supuesto “desarrollo” vino a dar al traste con el equilibrio natural, el cual ha comenzado a cobrarnos la factura pendiente. Quizás los gobiernos de países desarrollados ya tengan sus estrategias para minimizar el impacto de este tipo de percances, lo interesante sería saber si nuestro México hoy se encuentra preparado para recibir una situación como la vivida en nuestra capital no hace mucho tiempo. Yo realmente considero que es tiempo de analizar nuestra estrategia ante situaciones de este tipo; como primer paso sería conveniente revisar si a nuestros ingenieros se les obliga a construir con un código de construcciones sismo resistentes, ya que por lo menos en nuestro Aguascalientes, aún no se hace.

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