Sin un Plan de Vida… ¿A QUIÉN CULPAMOS?

Desde hace algún tiempo nuestro capital intelectual ha estado perdiendo valor en comparación con algunos países del mundo. Cada vez más profesionistas asiáticos, por ejemplo, siguen obteniendo importantes cargos en las multinacionales que trabajan en nuestro país debido a la poca competitividad que presentan gran parte de los egresados de nuestras universidades.

Ya es común escuchar a los Rectores de las instituciones de educación superior quejarse por las deficiencias con las que llegan los jóvenes a sus aulas, teniendo que hacer un alto en la instrucción universitaria, en el mejor de los casos, para reforzar los conocimientos básicos que debieran tener los educandos para optar por una profesión.

Y es que nuestro sistema educativo sigue teniendo fuertes carencias las cuáles han quedado evidenciadas en los exámenes internacionales en los que participamos. Hoy la educación mexicana pareciera estar desarticulada entre los diferentes niveles educativos, ya que es común ver a Rectores reclamar por las deficiencias de los Alumnos a los Directores de Preparatorias, quienes a su vez culpan de la mala formación a los dirigentes de las Secundarias, y estos a su vez, “lloran” por la calidad de los niños que vienen de la Primaria, y los últimos, terminan por señalar que el trabajo en los Kínderes no es el adecuado… por supuesto que los Directores de Preescolar deben buscar a quien culpar, por lo que aseguran que los Padres de Familia ya no quieren comprometerse con la formación de sus hijos… al final de cuentas quien pierde es el país, ya que los jóvenes pasan varios años estudiando en un esquema desarticulado de simple instrucción que no logra entender las habilidades individuales del joven, y mucho menos, desarrollar el plan de vida que requerimos para insertarnos con facilidad en el mundo laboral.

La realidad es que la instrucción de un niño debe iniciar en el hogar, esto no tiene duda. La casa es el lugar donde se forjan los valores y se estructura el primer paso de un joven, pero definitivamente los colegios debieran trabajar en desarrollar esquemas de aprendizaje que garanticen el reconocimiento de las habilidades de los estudiantes, a fin de potencializarlas y encaminarlas en la búsqueda de un plan de vida que les ayude en la escogencia segura de una profesión, y por supuesto, ampliar el abanico de posibilidades en cuanto a la inserción en el mundo laboral, que al final de cuentas es quien mide las capacidades de todos los seres humanos.

México está sumamente urgido de mejorar la calidad educativa de sus estudiantes, por lo que es responsabilidad de los colegios trabajar de manera coordinada (dejando atrás las culpas de unos y otros) a fin de que el cambio en los niveles educativos no implique un giro en el rumbo, sino más bien la oportunidad de reforzar las habilidades particulares de cada estudiante a fin de hacerlas más fuertes.

Ya basta de esa formación tradicional tipo manada donde los jóvenes son únicamente números para sus autoridades. Ya es tiempo de darle el valor a la persona, a sus capacidades y deficiencias. Hoy más que nunca nuestros maestros se convierten en piezas fundamentales de la interacción con los estudiantes, ya que debemos pasar de tener simples instructores, a contar con guías que sepan leer a cada uno de los de su grupo, buscando entender no únicamente sus estilos de aprendizaje y sus habilidades, sino también la problemática emocional que hoy viven los estudiantes, a fin de poder apoyarlos y “soportarlos” en el camino que estructura del plan de vida de cada individuo.

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