Y DESPUÉS DEL GRITO… ¿QUÉ HACER?

Después de los grandiosos festejos (para muchos exagerados… para mí, no), el nacionalismo que se renovó desde el interior, las series de televisión, las películas alusivas, las fiestas y los gritos en cada recóndito lugar de México, hemos vuelto a la realidad que vive nuestro país. Doscientos años de Independencia del yugo español y cien años de Revolución, hoy nos obligan a una revisión profunda de hacia donde hemos encaminado a este gran territorio que ante los ojos del mundo, hoy se encuentra en “tela de juicio”.

México mágico, México grande; hoy nuestro país se encuentra sumido en una grave situación que afecta prácticamente a toda su población. Por un lado nuestra economía que sigue basada en tres aspectos fundamentales, el petróleo que según los expertos ya llegó a sus máximos llevándonos a que cada año disminuya su producción, las remesas que suben y bajan (por ahora bajan y bajan…) dependiendo de otros para mantener a nuestras familias, y el turismo, que si bien Dios nos ha bendecido con un hermoso territorio que disfruta de todos los climas, además de una arquitectura prehispánica y colonial que deslumbra a los más conocedores, hoy se encuentra afectado, ya que los países desarrollados nos han sumado a la lista negra de lugares no recomendados para el turismo por la violencia que tenemos.

Esta violencia, la que nos aleja a los visitantes, hoy suma miles de muertos… secuestros, levantones, homicidios indiscriminados, hurto calificado, asaltos, narcotráfico, y demás, son nuestras constantes en un país que lucha por salir adelante, pero que cada vez se sume más en un estado caótico donde día con día nos acostumbramos más, a convivir con este dolor.

México, según la OCDE (organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) es de los países de Latinoamérica con peores resultados académicos, tenemos un índice de analfabetismo que no disminuye al ritmo de vecinos que consideramos “menos desarrollados” que nosotros… por lo que para salir de los problemas que hoy tenemos, será una tarea difícil sino optamos por educar a un  pueblo que por su pobreza es gravemente vulnerable a la delincuencia creciente que tenemos; recordemos que el camino a la pobreza, es la autopista de la ignorancia.

Después de los festejos y las conmemoraciones, hoy debemos analizarnos profundamente. No todo ha sido malo, pero definitivamente tenemos lo suficiente y más, para aspirar a que nuestra gente viva de otra manera. México no merece la pobreza creciente que hoy grita de dolor. México no merece ser enjuiciado por el narcotráfico. México no merece la sangre que día a día se derrama en su tierra. México sufrió y gritó su Independencia, luchó con garra en su Revolución. Hoy merecemos un país con mejores oportunidades, esas que soñaron los que dieron su vida por un país grande que hoy necesita enderezar su rumbo. Desde nuestro lugar cada uno de los habitantes de este hermoso país debemos comprometernos por ser mejores, por trabajar en la búsqueda de una mejor tierra donde vivir. Hoy nuestros políticos se deben comprometer más por su gente, y menos por sus bolsillos, nuestra policía y ejército deben luchar por recobrar su dignidad irradiando seguridad a los habitantes. Nuestros empresarios hoy más que nunca deben entender que la única salida no es únicamente llenando sus bolsillos con monopolios asfixiantes, sino comprometiéndose con empresas que desarrollen a sus empleados. Nosotros los educadores, hoy debemos entender que en nuestras manos está también la formación de hombres con valores que sean capaces de tomar decisiones, capaces de asumir riesgos para transformar un México que necesita de cambios sustanciales. Hoy debemos entender como ciudadanía que el país lo hace su gente y no únicamente sus gobernantes, para que a medida de que entendamos nuestra capacidad, podamos proponer y sumar para la búsqueda de ese México soñado…

Hoy, después de fiestas y gritos debemos entender que sólo con el trabajo y el esfuerzo diario iremos construyendo ese México que añoramos. Hoy debemos entender que con nuestras manos construiremos esa igualdad que suma, ese equilibrio que construye, y ese trabajo en grupo que logra en menor tiempo, mejores resultados.

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