LAS DROGAS: Un mal creciente para el que los Padres de Familia no estamos preparados.

Según el CICA (Consejo Interuniversitario Contra las Adicciones) en una encuesta aplicada en las Universidades hace algunos años, el 70% de los jóvenes universitarios aguascalentenses han probado alguna droga en su vida, sin que esto quiera decir que sean adictos, aunque al menos lo han hecho por curiosidad; pero lo más interesante de este dato, es que 9 de cada 10 de estos jóvenes lo hicieron porque sus “amigos” los invitaron a hacerlo, lo que nos  determina que los principales dealers son los compañeros que comúnmente visitan nuestro hogar.

Si bien el tema del consumo de drogas es creciente en nuestro país, aún son muy pocas las acciones que como padres de familia hemos hecho para estar preparados en el manejo de un tema que quizás nos toque vivir en algún momento de la instrucción de nuestros hijos.

¿Ya conocemos la cocaína o las “tachas”? ¿Qué hacer si encontramos en el cuarto de nuestros hijos una grapa de cocaína? ¿Le pegamos, le gritamos?, quizás simplemente nos pongamos a llorar… La realidad es que como jefes de hogar hemos eludido el gran compromiso de formar a nuestros hijos, dejando gran parte de su instrucción en manos de colegios y de sus propios “amigos”.

El tema de las drogas en realidad es complejo, y si bien no existe una fórmula mágica para su manejo, es importante asumir el reto con la ayuda de psicólogos, trabajadores sociales, psiquiatras especialistas en farmacodependencias y médicos especialistas en toxicología. Hoy más que nunca quienes hemos decidido engendrar una vida tenemos la obligación de capacitarnos en Escuelas para Padres y acercarnos a instituciones de apoyo que cada día crecen en número en nuestro país.

También el acompañamiento familiar es fundamental para apoyar a quienes han caído en alguna adicción. Al paciente hay que fijarle unos límites, para que se aleje de los sitios de consumo o de las amistades que consumen. Definitivamente hay que cambiar el “estilo de vida”.

Si al joven le gusta ir a los “antros”, lugares donde habitualmente se consume, pues ahora tendrá que ir con un familiar, quizás un primo de la misma edad que sepa del caso y esté comprometido con la salud del joven.

Son límites que habrá que llevar a cabo, supervisando su cumplimiento, evitando así que se trasgredan con la idea de reducir los riesgos.

La adicción a las drogas es una enfermedad crónica, progresiva y mortal, así que nuestras acciones como padres de familia deberán ser puntuales y comprometidas a fin de luchar contra un mal creciente que cada día parece más común y normal para nuestra juventud.

Hoy los padres debemos ser más “fijaditos” a fin de observar acciones, actitudes y miradas que nos indiquen que nuestros hijos se han desviado al camino del dolor; ese dolor que destruye, consume y desgarra el interior de las familias en las que un miembro sufre de este terrible mal.

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