EL RENACER DE MÉXICO DEBERÁ SUSTENTARSE EN LA EDUCACIÓN.

¿Qué nos pasa? ¿Qué será lo que le pasa al país que cada día se sigue sumiendo en una violencia que parece no tener límites?; una violencia que no respeta actores, edades, géneros, ni lugares.

México, según especialistas, acumula alrededor de 30 mil muertos en los últimos años, situación que ya se convierte en una estadística histórica, dejándonos una profunda huella de dolor, y un sinnúmero de dolientes ahogados por la rabia de la impotencia.

Violencia intrafamiliar, violencia política, violencia deportiva, violencia delincuencial, en fin, violencia, violencia y horror. Pareciera que el “santo se nos puso de espaldas”, pues mientras algunos países que considerábamos similares al nuestro, como Brasil o Chile se encaminan al primer mundo con un crecimiento sostenido, hoy nuestro México sigue sumido en gravísimos problemas que seguramente detendrán ese desarrollo que tanto necesitamos para equiparar las desigualdades que cada día son más notorias. Y quizá en estas desigualdades se encuentre la raíz del desorden que ahora tenemos, pues con el pasar de los años nuestros gobernantes (no digamos todos, pero casi todos) se preocuparon más por su enriquecimiento personal y el de sus grupos, que por buscar un crecimiento global que permitiera mejores oportunidades a quienes menos tenían. Como consecuencia de este olvido, hoy la OCDE comenta que en nuestro país existen alrededor de 70 millones de personas con algún grado de pobreza…

¿Ya entendió porqué hoy vivimos lo que vivimos?

Nuestra penosa realidad es que México hoy recibe paupérrimos recursos del petróleo, cuando pudiéramos recibir mucho más, si las políticas de explotación hubieran sido otras. Hoy mendigamos lo que nos mandan los compatriotas que viven en el vecino del norte, a costa de humillaciones y persecuciones, por la búsqueda de lo que su tierra no les pudo dar. También nos queda el turismo, hoy más que nunca amenazado por esa violencia que parece llegar hasta cada rincón de nuestro país… sino, que lo digan los hoteleros de Acapulco que quedan resignados a recibir a los pocos turistas intrépidos, que a pesar de los asesinatos y levantones, asisten a este paraíso natural del pacífico mexicano, que parece cada día más condenado al disfrute exclusivo de sus lugareños.

¿Hasta cuando esta violencia? ¿Hasta cuando este dolor?

Desde mi punto de vista el camino que nos queda es entender que la única salida de México se encuentra en la EDUCACIÓN. Si bien es un proceso a muy largo plazo (recordemos que a nuestros políticos no les gusta laborar así), México debe trabajar en una estrategia integradora que busque sentar las bases educativas desde los más chiquitos para ir rompiendo el natural camino que hoy tienen los niños hacia los modelos delincuenciales que están acostumbrados a ver.

La estrategia es doble, por un lado ofrecer los mejores estándares educativos con quienes menos tienen, y por el otro, trabajar en la reintegración social de quienes han caído en las diferentes redes de delincuencia que operan en el país.

¿Qué es muy difícil?, por supuesto que lo es; es casi tan complejo como entender las absurdas decisiones que se tomaron a lo largo de la historia de México, para terminar en las condiciones tan complejas que hoy vivimos.

La clave es que no nos demos por vencidos, pues es importante analizar diferentes ejemplos de la historia del mundo, para comprender que de los más profundos horrores de la guerra y la violencia, muchas veces renace la fuerza para construir una nueva realidad, basada precisamente, en la dolorosa experiencia.