ALGÚN AVANCE EN LA CUMBRE DE CANCÚN

La realidad es que nuestro planeta vive una profunda crisis derivada del cambio climático. Hoy nos llenamos de imágenes de países con profundas nevadas, sequias, inundaciones complejas como las vividas en Monterrey o Tamaulipas  hace algunos meses… también vemos como los incendios voraces acaban con miles de  hectáreas, todo esto ante la mirada atónita de habitantes que pierden, en el mejor de los casos, sus bienes en cuestión de segundos, y en otros, inclusive sus vidas.

La voracidad de la naturaleza hoy no respeta la riqueza de los países; vemos como Suiza sufre inundaciones nunca vistas, pero también Colombia se ahoga ante un invierno atroz…

Hace algunos días culminó en Cancún la Cumbre de Cambio Climático, reunión que ha terminado con más sombras que luces, pues si bien se llegó a un acuerdo, situación que mejora el fracaso vivido en la cumbre de Copenhague, personalmente considero que las potencias siguen dilatando su verdadero compromiso con nuestro planeta. Los debates, como siempre, siguieron enfrascados entre quienes dicen que lo que vive nuestro planeta es normal, y quienes advierten con evidencia científica la postura de que el cambio climático amenaza la estabilidad global.

Las pasadas Cumbres de Río, en el 92, y de Kyoto, en el 98, salvo la incorporación de los llamados países emergentes como grandes emisores de gases de efecto invernadero, no lograron crear el ambiente necesario para que las naciones industrializadas firmaran compromisos serios en torno a la reducción de la contaminación por uso de energías fósiles, como el petróleo, y la deforestación.

Pese a que la Unión Europea adoptó mecanismos unilaterales para reducir las emisiones contaminantes y usar energías limpias, la falta de compromiso de Estados Unidos, Rusia, China e India erosionó la confianza europea y se rompió el acuerdo. De ahí que el ambiente en Cancún en un inicio fuese de pesimismo e incertidumbre por lo que pueda pasar después de 2012, cuando vence el primer período del Protocolo de Kyoto, pero al final la “luz del acuerdo” es una pequeña esperanza en este complejo tema que obliga a cambios radicales en las economías del mundo si se pretendiese alargar la vida de nuestro golpeado planeta.

Mientras tanto en la tierra estamos talando 10 millones de hectáreas de bosques cada año de las cuales 6 millones se vuelven desierto. En América Latina acabamos con 20 hectáreas de bosques cada minuto, casi todas en el amazonas, el pulmón del mundo. Hoy se sabe que el hielo polar se derrite a un 9% por década, y el grosor del hielo ártico ha disminuido un 40% desde 1960…

Definitivamente las cosas cada día se tornan más complejas para un mundo que ha decidido a toda costa el enriquecimiento de unos pocos a costa del sufrimiento de las mayorías.

Es urgente seguir trabajando arduamente en el cumplimiento efectivo de la reducción de la deforestación, además de evitar que los llamados servicios ambientales, que son una especie de recompensa para quienes aún conservan grandes extensiones de selva, sean una patente de corso para que las grandes potencias sigan contaminando. Al final de nuestra cumbre, se iluminaron con cierto tono las sombras de la insensatez y de los intereses creados, pero definitivamente el camino es largo y los compromisos habrá que asumirlos a pesar de los fuertes intereses económicos de las potencias mundiales.