A UN DÍA DE LA NAVIDAD…

Muchas veces el afán del día a día nos hace olvidar lo importante de las fiestas decembrinas. Olvidamos lo esencial para enfocarnos en obtener los recursos que solventen los gastos que implican las festividades. Regalos para los hijos, hermanos, padres, amigos… los adornos, las cenas, los compromisos, etc., etc.

Quienes de verdad sueñan y se ilusionan con su inocencia, son los niños que desde inicio de diciembre esperan con afanes a que el Niño Dios o “Santa”, para quienes se sienten más norteamericanos, llenen sus hogares con muchos

juguetes.

Hace poco más de dos milenios, nació un Niño que cambió la historia del mundo. Un Ser que se entregó por sus hijos dejando un legado impresionante de enseñanzas para toda la humanidad. Precisamente cada diciembre celebramos su nacimiento. Algunos elaboramos “nacimientos” o “pesebres”, otros, arbolitos de navidad, pero lo importante es cambiar la fisionomía normal de nuestros hogares para representar que estamos de fiesta por el nacimiento de este magnificente Ser.

Lastimosamente el mercantilismo desmedido nos ha llevado a perder el verdadero sentido de estas fiestas, convirtiendo la navidad en una época de derroche, excesos y abusos que desvirtúan el objetivo principal de la celebración: Vivir, renacer, cambiar. Cada navidad se nos da la oportunidad de evaluar nuestra existencia para renacer cambiando nuestros errores y defectos.

Hoy más que nunca esta navidad 2010, debe ser un espacio de análisis de nuestra realidad. Esa realidad que hoy acepta una violencia desmedida que paree no tener fin, y que ha llevado a gran parte del país a un estado de indefensión preocupante. Una realidad que acepta que para el 2020 el 80% de la población de América Latina sea pobre (según la OCDE). Esta cruda verdad que conoce y acepta que en México hoy se acumulen 70 millones de personas con algún grado de pobreza…

En algunos momentos parece que nos hemos dado por vencidos ante la cruda realidad; ante este subdesarrollo que hoy nos pesa y nos ahoga. Por eso, hoy más que nunca debemos revalorar nuestra existencia para comprometernos con el cambio que nuestro México necesita con urgencia.

Esta navidad se convierte en el mejor momento para fomentar en el seno familiar los valores: Queremos tener, pero siempre será más importante: Ser. Ser un hombre que entienda su existencia como la posibilidad de entrega, buscando el bien general antes que el personal; dando todo de sí, pero un sí de bienestar puesto al servicio de sus semejantes.

La solidaridad es mirar al que nos rodea, entenderlo, meterse por un instante en su realidad y su dolor, o su alegría también. Ser solidario es entender que somos responsables de nuestro entorno y desde allí tenemos la obligación de contribuir en el crecimiento compartido y equilibrado de la sociedad. “Solidaridad es la incapacidad de estar bien, si quienes están a mi lado no lo están. Solidaridad es convencernos de que somos ángeles de una sola ala y tenemos que abrazarnos para poder volar”.

Que esta navidad se convierta en ese momento de unión familiar, pero también en un espacio de reflexión y análisis de nuestra existencia a fin de que nuestra trascendencia por este planeta no sea únicamente de sobrevivencia sino de huella inolvidable.

Una muy feliz navidad para mis lectores, y si Dios nos ayuda, el 2011 será un año de trabajo y compromiso conjunto en la búsqueda del México en el que soñamos vivir.