NUESTRA PETICIÓN PARA EL 2011: Educación, educación, educación.

Estamos a punto de finalizar el 2010, un año complejo para las economías latinoamericanas y en general para todo el planeta, pero definitivamente el inicio del nuevo año nos abre un nuevo espectro de posibilidades de cambio, ese cambio que hoy más que nunca necesitamos. Y como el año nuevo llega primero al oriente del planeta, quizás por esto la gran mayoría de los países asiáticos se han dado a la tarea desde hace algún tiempo, de llevar a cabo estrategias que los han ubicado en condiciones económicas muy diferentes a las que tenían.

Hace algunos días, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED) publicó los muy esperados resultados de su test PISA, que mide el nivel de competencia de los estudiantes de 15 años de 65 países en comprensión de textos, matemática y ciencias.

En comprensión de textos, los estudiantes Chinos obtuvieron el puntaje más alto, seguidos por los de Corea del Sur, Finlandia, Hong Kong y Singapur. Estados Unidos ocupó el puesto número 17, España el puesto 33, Uruguay el 47, México el 48, Colombia el 52, Brasil el 53 y Argentina el 58.

Definitivamente eran resultados esperados, ya que desde hace varios años los países latinoamericanos hemos perdido varios lugares en la prueba, lo que deja al descubierto las enormes carencias educativas que tenemos y que definitivamente nos están alejando del tan anhelado desarrollo: “El camino a la pobreza, es la autopista de la ignorancia”.

Lo más triste de esta historia, es que luego de que el Banco Interamericano de Desarrollo lanzara una encuesta mundial para conocer si los habitantes de los países estaban conformes con su educación, los resultados mostraron que en Latinoamérica estamos bastante satisfechos con la mediocridad de nuestros sistemas educativos: El 85 por ciento de los costarricenses, 84 por ciento de los venezolanos, 82 por ciento de los cubanos, 80 por ciento de los nicaragüenses, 77 por ciento de los salvadoreños, y más de 72 por ciento de colombianos, jamaiquinos, hondureños, bolivianos, panameños, uruguayos, y paraguayos, dijeron estar satisfechos con la educación de sus respectivos países, a diferencia de los alemanes, estadounidenses y japoneses donde el 66, 67 y 70 por ciento respectivamente, se encuentran satisfechos con sus respectivos sistemas educativos.

Y es que en general todo nuestro sistema educativo se encuentra en una profunda crisis, ya que inclusive nuestras universidades latinoamericanas ocupan los últimos lugares en el ranking internacionales. Hoy sabemos que la Universidad de Harvard ocupa el primer lugar, y en el listado de las 200 mejores universidades del mundo, únicamente aparece una universidad latinoamericana, la UNAM en el puesto 190, esto significa que México y Brasil que se encuentran entre las 12 encomias más grandes del mundo, únicamente cuentan con una universidad en el ranking, lo que definitivamente nos debe llenar de preocupación, ya que en la lista aparecen varias universidades de China, India, Corea del Sur e Israel.

¿Cómo puede ser que nuestro México con 110 millones de habitantes (y tristemente también con 70 millones de pobres) y con un PIB de 1.600 billones de dólares tenga a su mejor universidad en el puesto 190, mientras que Singapur, un país con menos de 5 millones de habitantes y un PIB que no llega a 225.000 millones de dólares tenga a su universidad nacional en los primeros lugares?

Definitivamente la explicación a esta cruda realidad se basa en que mientras en Latinoamérica seguimos pensando en “festejar nuestra historia” por ejemplo, los países asiáticos han entendido que la clave para el desarrollo de los países no se encuentra en otro camino que no sea el de la educación…

Este próximo 2011 será un excelente año para revalorar nuestro camino como país, entendiendo que nuestros, hasta hace poco, competidores, han adelantado su desarrollo ubicando a sus economías muy por encima de los penosos resultados que México ostenta. Hoy más que nunca debemos ser críticos y comprometidos con un sistema educativo nacional que se ha centrado en satisfacer a sus docentes, antes que en exigir la calidad que requerimos para mejorar nuestros resultados.