Lo que hemos perdido

Definitivamente,  tenemos muchas cosas qué extrañar que se han quedado atrás.

Muchas familias, principalmente las que cuentan con cierto poder adquisitivo, han perdido lo más importante que debe prevalecer en nuestra sociedad: la unión familiar y esto, producto del consumismo, la influencia de los medios de comunicación y el querer “darles todo” a nuestros hijos:

¿Recuerda usted cuando sólo había un televisor en el hogar, siendo la sala un punto de reunión familiar, dialogando y mediando para llegar a un “acuerdo” sobre qué programa ver?

¿Recuerda cuando el menú que se preparaba en casa, era para TODOS,  enseñando a respetar los gustos y a disfrutar cuando se elabore el platillo favorito?

¿Ya olvidó cuando los hermanos compartían mucho más que habitaciones?

¿Y qué me dice de los juguetes? Los juegos eran grupales, en donde además de divertirse, convivían entre ellos, promoviendo una cultura de  compañerismo.

Lamentablemente, en la actualidad se refleja lo contrario: cada hijo cuenta con un televisor, para que elija su programa “a su gusto”;  piden y hasta veces “exigen” cierta comida; se procura a medida de lo posible, que cada hijo cuente con cuarto propio para otorgar “privacidad e independencia”, siendo este un “refugio“ en el cual pasan horas, provocando falta de tiempo dedicado a convivir en familia.

Erróneamente, buscamos satisfacer todos los caprichos que se les ocurran a los hijos, pensando que dándoles a veces más de lo que tenemos, permitirá ofrecerles una mejor calidad de vida y haciéndoles más felices.

No cabe duda de que esa independencia e individualidad nos está alejando cada vez más de la vida en familia. La comunicación entre los miembros del hogar es cada vez menor así como el tiempo que pasamos en casa. La escuela, el trabajo, la televisión y la computadora muchas veces nos absorben y nos impide valorar esos momentos, que en muchas ocasiones, no se repetirán.

En fin, con nuestros actos y nuestras decisiones, estamos enfriando ese sentimiento de unión y convivencia.

Sin desearlo,  formamos a nuestros hijos fomentándoles el consumismo, la vanidad, el egoísmo y la irresponsabilidad, pues tristemente  les hemos enseñando con nuestro ejemplo que eso está bien, debido a nuestra forma tan “materialista” de educarlos.

Fomentar, cuidar y cultivar los lazos familiares no es una tarea fácil ante la realidad que nos domina; los medios de comunicación en sus distintas formas suelen confundirnos, pero creo que si realmente reflexionamos en ello, podemos hacer que las generaciones venideras, sigan creyendo, fomentando y viviendo la importancia de pertenecer a una familia unida.

Esos pequeños grandes detalles se han ido perdiendo sin ni siquiera darnos cuenta… en un abrir y cerrar de ojos convertimos a nuestros seres queridos en seres individuales que buscan objetivos diferentes.

No olvidemos que la vida en familia  da seguridad a los hijos, les permite crear vínculos entre sus miembros y puede ayudar en gran medida a alejarlos de los problemas…

Convivir en familia va mucho más allá de platicar y pasar tiempo con ellos,  es una oportunidad de compartir nuestras tristezas y alegrías, nuestro sueños, nuestros proyectos… es conocer qué está pasando en nuestra vida cotidiana y tratar de apoyar cuando se crea necesario… es escuchar y ser escuchado, es una forma de mostrar nuestro cariño y de recibirlo.

Si tenemos la voluntad para hacerlo, la unión y convivencia familiar no será una virtud del pasado.

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