Enemigo en casa: mucho más allá de la ficción

En México, existen datos alarmantes sobre la violencia intrafamiliar, específicamente, el caso de mujeres golpeadas por el hombre que dicen amar y quien supuestamente las ama.

Las cifras son escalofriantes: se dice que en México cerca de 25 millones de mujeres, reciben algún tipo de violencia que impide su desarrollo, de las cuales poco más de un millón son lastimadas físicamente.

Desafortunadamente, es cada vez más común escuchar casos de mujeres a quienes dejan ciegas, sordas, paralíticas, quemadas, sin dientes e inclusive, mujeres que son asesinadas.

La violencia genera violencia, es por eso que esta tortura debe dejar de ser silenciosa para evitar mayores consecuencias que en ocasiones son irreversibles.

La violencia contra la mujer cometida por su pareja provoca importantes trastornos: miedo, tristeza, angustia, depresión, agresividad, enojo, codependencia, culpa, inseguridad, frustración y vergüenza. Este tipo de trastornos hacen que la mujer golpeada se sienta culpable de la situación por lo que calla y hasta en ocasiones siente que merece ser maltratada.

Erróneamente, tenemos la creencia de que este tipo de problemática la sufren personas de ciertos estratos sociales, pero en la actualidad vemos a mujeres profesionistas, que conocen perfectamente sus derechos y que son sometidas por “hombres “ que las reprimen a tal grado que se sienten insignificantes, poca cosa, poco atractivas e inútiles.

Aunque muchas mujeres rompen el silencio y denuncian a sus agresores, la mayoría de ellas permanecen calladas, con el pretexto de que “es mi marido, y es para toda la vida”, “y si lo dejo ¿cómo hago para mantenerme?”, “es que yo lo provoqué”, en fin, son muchas las excusas pero pocas las ganas de solucionar el problema.

En muchas sociedades, sobre todo en las más conservadoras, el maltrato comienza a presentarse desde muy temprana edad con la educación diferente que reciben los niños y las niñas. Mientras que el hombre es enseñado a dominar con fuerza y a no mostrar signos de debilidad, las mujeres aprenden a ser sumisas y dependientes.

Inclusive, debido a este tipo de educación existen mujeres que ante la sociedad, muestran una actitud de que “todo está bien”, con la finalidad de cubrir las apariencias.

Si bien existen diferentes tipos de violencia, la física es la más grave, pues además del daño psicológico que se ejerce, el riesgo de la vida está latente.

Además, en muchos de los casos, no únicamente es la mujer quien resulta agredida, sino también los hijos, creciendo aún más el enfermo entorno.

Es por ello que las mismas víctimas deben ser quienes acepten su realidad y luchen por cambiarla, dejando a un lado el miedo y el conformismo y que sus derechos estén siempre por encima de cualquier sometimiento.

A través de los medios de comunicación vemos distintas campañas encaminadas a concienciar a las personas y vivir en un país sin violencia familiar, vivir en un hogar en donde el respeto, la comunicación y la tranquilidad, sean herramientas para fortalecerse como familias y ser felices.

Pero el camino es largo por recorrer….

A manera personal, considero que parte fundamental de la solución (por lo menos a largo plazo), es el tipo de educación que brindemos a nuestros hijos, esos valores que les ayudarán a no generar ni permitir violencia… a demandar que se cumplan sus derechos y a respetar los de los demás…

A corto plazo debemos de exigir a nuestras autoridades leyes más duras contra estos criminales que aprovechan su situación para intimidar… de esa manera las víctimas sentirían mayor seguridad al momento de denunciar, perdiendo el miedo a represalias que desafortunadamente vemos que se presentan.

Con profunda tristeza, vemos a niños quienes son las principales víctimas de todo esto, pues además de las escenas diarias de las que son partícipes y resultan traumatizados, muchos de ellos terminan haciendo lo mismo, además de que son condenados a cargar con esto por el resto de sus vidas.



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