UN POQUITO AQUÍ… Y UN POQUITO ALLÁ.

La Pobreza, para algún diccionario, es la “carencia de lo necesario para vivir”.

Desde mi muy particular punto de vista considero que existen diferentes tipos de pobreza: la espiritual, la de falta de valores, la del abandono, en fin… la económica.

En los últimos años me ha tocado presenciar con enorme tristeza el incremento mundial de la pobreza. Niños que a diario mueren de hambre, ancianos enfermos y abandonados, indigentes… familias enteras que sobreviven de las sobras encontradas en algún basurero.

¿Qué hacemos nosotros por los demás?

Esta es una pregunta que en mis ratos de encuentro conmigo mismo me hago, cuestionándome mi lugar en la tierra, y el compromiso y entrega que debería tener con los que me rodean. En algunos momentos trato de evadir esta responsabilidad, intentando entender que el desorden mundial en la repartición de la riqueza es debido a las “novedosas” políticas “neoliberales” que han convertido a los ricos en más ricos y a los pobres… en la miserabilidad; aplastando casi por completo a la clase media, o desapareciéndola como ha sucedido en países como Ecuador.

Definitivamente el tema de la pobreza económica supera los cánones y soluciones de cajón que normalmente pretendemos dar. Apoyos de países, donativos de grandes empresas o artistas reconocidos, etc. En la mayoría de las ocasiones nos preguntamos: ¿Y yo que puedo dar?, si simplemente gano lo suficiente para vivir dignamente…

Error. La pobreza que viven nuestros hermanos en México y en el mundo, se agrava por nuestra capacidad de “enconchamiento”; por nuestra capacidad de aislarnos a los otros, al que nos necesita, al que nos mira con dolor. ¿No seremos capaces de regalar por lo menos una sonrisa a la señora o al niño que se nos acerca en el semáforo?, así estén manipulados por un grupo de malvivientes que se aprovechan de la ignorancia y analfabetismo que aún rondan con tristeza las cifras de Latinoamérica.

Considero que desde nuestro espacio y tiempo debemos ser capaces de romper esa burbuja que nos rodea, que nuestros hijos tengan la capacidad de comprender la realidad, de ver que hay quien nos necesita en todo momento. Debemos ser generosos con la alegría, debemos ser capaces de decirle al otro que no está solo, que aunque la vida siga siendo injusta, allí estaremos para que ese instante tan pequeño donde dos personas se juntan por casualidades del destino, no sea olvidado por ninguno. Por que de lo que si estoy seguro, es que todos somos iguales, por que aunque vivamos diferente, somos iguales, entendiendo que lo único que nos separa es la comodidad que unos tenemos y otros no.

Aprovecho este espacio para agradecer a quien me inspiró a escribir estas líneas, alguien a quien en muy poco tiempo aprendí a querer por su generosidad, por que aunque la vida la separó de las mayorías, también la acercó a las carencias, llevándola a entender que estamos aquí por algo, y que  aunque muchas de nuestras prioridades sean el sobrevivir, hay que saber trascender cargando en nuestro afán a las personas que por acción divina nos encontramos en nuestro camino.

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