LA EUFORIA NAVIDEÑA

Juguetes, aparatos electrodomésticos, equipo de cómputo, autos, comida, ropa, etc., incrementan sus ventas en forma considerable en esta temporada decembrina. La gran mayoría, contamos con un “dinerito extra” producto del esfuerzo y dedicación que se traduce en el ansiado y esperado aguinaldo.

Los centros comerciales, tiendas de autoservicio, las calles y comercios en general se ven con mucho más movimiento y tráfico que en otras fechas… la euforia navideña ha llegado y para la mayoría, es difícil resistirse a las tentaciones y promociones que se desatan: meses sin intereses, bonos por compra, monederos electrónicos, entre otros “beneficios” que casi casi nos obligan a comprar.

Y es que además de los regalos para algunos necesarios (detalles para hijos, familiares y compromisos) el gastar, consumir cosas innecesarias en esta época es una realidad.

Reuniones, las famosas posadas y convivios navideños, nos llevan a gastar aún más: comer y beber hasta “llenar”, enormes árboles navideños adornados con costos aditamentos, son “necesarios” para que todo resulte un éxito…

Sí, Navidad es una época para dar y compartir, pero de forma personal considero que va mucho más allá de lo material: es tiempo de valorar lo mucho o poco que hemos recibido, es tiempo de compartir tiempo con nuestras familias y seres queridos, es momento de olvidar rencores hacia alguien… es desprender de corazón, amor, generosidad y gratitud.

Desafortunadamente, la publicidad y el consumismo nos invaden, vinculando el hecho de amar con el hecho de regalar.

Es mucho más gratificante recibir una visita y compartir una emotiva reunión con quienes apreciamos que recibir costosos regalos. Es mucho más trascendente como seres humanos el lograr unión familiar que poder estrenar un nuevo equipo de cómputo; alimenta más el alma el ver a nuestra familia feliz que ataviados de lujos y cosas superfluas.

Cada bolsillo, es una historia y un actuar diferente; habrá quienes podrán darse más “gustitos” que otras personas, eso es una realidad muy respetable, pero lo importante de todo esto es no olvidar el verdadero sentido de la Navidad.

Pero qué lástima que a muchos padres, la frustración les invada por no poder cumplir todos los “deseos” de sus hijos pues el presupuesto familiar no alcanza; es una necesidad que de acuerdo a las posibilidades, las familias organicen qué se puede y qué no creando conciencia a los más pequeños para que encuentren en la tranquilidad, la armonía y la unión, lo que más vale en esta vida y que es lo que a final de cuentas no tiene precio alguno.

De todo corazón, le deseo estimado lector, que pase felices fiestas rodeado de quienes más ama.
Unámonos a la petición mundial, de que el odio, la ambición desmedida y el rencor desaparezcan… pues es la raíz de mucho de los problemas que actualmente vive nuestra sociedad.

M.D.A. JUAN CAMILO MESA JARAMILLO
rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

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