LA TAREA QUE NO HEMOS PODIDO RESOLVER.

A lo largo de los tiempos el hombre ha estado en una continua lucha por demostrar su supremacía absoluta ante todo, ante la naturaleza, ante su propio ser, inclusive desafiando a la Divinidad.

Hoy la vida sigue, el planeta sigue, aunque mas débil y frágil, pero subsiste, habitado por el “ser todopoderoso” que se ha encargado de decirle y recalcarle, que se siente absoluto y capaz de destruirlo en el camino de su supuesta superación y desarrollo.

Miles de bosques destruidos cada año, sobre explotación de los recursos, toneladas y toneladas de gases tóxicos que saturan la atmósfera, etc., etc.

¿Qué queremos como seres humanos? La verdad ni lo entiendo, tal pareciera que nuestro único objetivo es la propia supervivencia basada en un consumismo generalizado e individual, donde nuestro semejante, está, pero no cuenta. Una supervivencia desaforada por llegar a una meta, casi siempre económica, que en la mayoría de los casos lleva a los competidores a una muerte prematura, a una soledad devastadora, o a la infelicidad por la pérdida del asombro ante lo cotidiano y lo mas cercano.

Hemos perdido la unión familiar, los cimientos de una sociedad, los jóvenes cada vez se enfrentan a la calle con mayor velocidad, las niñas sumidas en el camino de imitar lo que nos venden los prototipos aceptados como lo mejor… ¿y los padres? Los padres, en el camino por llegar a la “supuesta meta”.

A nivel de sociedad hemos ingresado en la etapa de la aceptación. Aceptamos que las estadísticas sobre el alcoholismo incrementen de manera alarmante como las del consumo de drogas y las de las desviaciones en los hábitos alimenticios que conducen a la bulimia y la anorexia.

Cada vez mas aceptamos que el mundo frágil en que vivimos se debe exprimir para nuestros objetivos personales y globales, aceptamos y nos burlamos de las medidas que buscan controlar el consumo de agua, o las de la contaminación, o las del consumo de piedras preciosas de países en conflicto.

Con dolor terminamos por aceptar la destrucción, la soledad, y en sí, la realidad…

Pero definitivamente me cuesta entender que aceptemos la brutalidad en la manera como nos destruimos los unos a los otros. Las guerras políticas y las religiosas, la esclavitud que aún reina en algunos países, la intolerancia de los grupos guerrilleros enfrentados a un gobierno que olvidó al pueblo, la muerte por hambre, la delincuencia… y también en menor grado, la intolerancia en el hogar, la rabia cuando conducimos, las peleas brutales entre barras bravas, las pandillas…

Tal pareciera que olvidamos que la esencia para el crecimiento y desarrollo de un pueblo, es su gente y la manera como se articulan para lograr sus objetivos. Olvidamos que en la tolerancia y el respeto está el crecimiento de uno mismo en su relación con los demás.

Olvidamos y olvidamos. Considero que siempre es el momento de valorar y enderezar el camino. Para algunos científicos el planeta ya está destruido, para algunos pensadores, la humanidad es el cáncer de la tierra; en fin, considero que hay mucho que podemos hacer desde nuestro hogar, entendiendo que la base de la sociedad es la familia, logrando como padres la educación, el cuidado y la guía de nuestros hijos, quienes serán los únicos capaces de llevar a cabo la tarea que no pudimos resolver.

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