DOS Y UNO MAS…

En la actualidad vivimos con mayor frecuencia el tema de la desintegración familiar. Cada día son más comunes los matrimonios “ligeros” que se mantienen mientras la pasión dura, y se extinguen cuando los problemas de la convivencia diaria muestran la realidad de la verdadera entrega que da todo por la unión de dos, en el camino de ser uno solo.

Hoy es común encontrar madres solteras, parejas divorciadas, y como resultado, hijos, en la mayoría de los casos, con problemas.

Definitivamente no estoy en contra de los divorcios o de las madres solteras, pues cada caso es una particularidad, y sería bastante complicado tomar un partido general, sin el conocimiento de lo que pasa en cada microcosmos.

Lo que si me llena de preocupación es que nos encontramos con muchachos solos que han tenido que enfrentar su realidad al margen de la de sus padres, ya que ellos prefirieron la “válvula de escape” que solucionó parcialmente el problema de convivencia, pero que acrecentó el derrumbamiento de una vida futura.

Y no es que quiera decir que un hijo de padres separados o de una madre soltera esté condenado a la soledad y a los problemas, a lo que me refiero es a esos padres que no comprenden su realidad y olvidan que sus hijos son parte de sus decisiones y que cada minuto de abandono y descuido, llevan a un posible conflicto que el niño sufrirá desde su posición.

Hoy es más común ver jóvenes que pierden la vida por la irresponsabilidad del alcohol o las drogas… y me pregunto: ¿Dónde están esos padres? Definitivamente la responsabilidad es compartida.

Considero que quizás los padres de hoy debiéramos ser un poco “transgresores de los cánones”. Y es que generalmente terminamos educando a nuestros hijos con las normas y enseñanzas que nuestros padres usaron, convirtiéndolos en algo que quizás el joven no quiere ser. Me refiero a ser un poco transgresores en el sentido de romper con lo tradicional. Hay que dedicarles tiempo para hacer “pequeñas locuras” que les marquen su vida, locuras que no olviden. Campamentos en lugares desconocidos, travesías sin retorno, carreras de caballos, bailes exóticos y estridentes; en fin, nuestra edad no debiera ser un limitante para parecernos a ellos. Hay que anticiparnos a sus gustos para poderlos compartir, hay que aceptar sus modas para poderlas entender, hay que estar con ellos para poderlos ayudar.

Como decía el Dr. Oswaldo Cuadro, especialista en liderazgo familiar, en una de sus conferencias: “Los hijos hay que marcarlos con experiencias inolvidables que conviertan la unión con sus padres en un cúmulo de hechos que jamás olvidarán…”

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