SIETE AÑOS DE CIMIENTOS…

Hoy vivimos en un mundo que nos exige resultados y una gran velocidad para conseguirlos. El problema está en que en medio del camino vamos dejando nuestra salud y nuestra familia. Estamos “montados” en una carrera que nos obliga a ser exitosos al precio que sea. Y es que para nuestro mundo pareciera que el “tener” es la única cuestión que vale. De allí vemos a “exitosos” ejecutivos que trabajan 24 horas, inclusive en sus días de descanso, dejando de lado la formación de sus hijos. Vemos a políticos que utilizan su poder para captar el mayor número de recursos durante sus mandatos; vemos a jóvenes que optan por el narcotráfico como el camino veloz para hacer recursos que aseguren su vida… o su muerte

Hoy quiero aprovechar este espacio para compartir con mi amable lector, una excelente historia de un autor desconocido que encontré en los viajes de tranquilidad, que la lectura me lleva para equilibrar el ajetreo del día a día:

“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años”.

Hoy vivimos en un mundo raro, un mundo complejo. Muchas veces nos sentamos a discutir las posibles consecuencias de lo que hoy tenemos, y elucubramos algunas estrategias que podrían cambiar la realidad. Lastimosamente el cambio que requiere este planeta no se puede lograr en un corto tiempo, debe ser un proceso estructurado y prolongado donde quizás nuestra generación no llegue a conocer los primeros resultados. Para quienes nos dedicamos a la educación, es bien sabido que los primeros 7 años de formación de un niño son los determinantes para un futuro exitoso del adolescente y el adulto, por lo que nuestro trabajo deberá iniciar con el fortalecimiento de quienes tendrán que operar el gran cambio que necesita este planeta para alargar su existencia.

Los padres de familia somos en un 90% responsables de la educación de nuestros hijos, de allí la importancia de que nuestro sueño de lograr el “éxito” exigido por la sociedad, no nos opaque esta responsabilidad, ya que las consecuencias de un niño que se forma sin la guía de sus padres, pueden ser lamentables.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

Leave a Reply