SEMANA SANTA ¿LA VIVES O LA GOZAS?

Hace algunos días vivimos de nueva cuenta el evento más importante para los que nos consideramos católicos: La muerte y Resurrección de nuestro Dios. Y es que la semana santa o semana mayor, es el espacio de reflexión mas importante que los hijos de Dios tenemos para valorar nuestra existencia, basada en la creencia de un Ser Divino capaz de lograr lo inimaginable.

Un gran número de películas y representaciones han detallado bajo su propia interpretación, la pasión y muerte de Cristo. También en la celebración que realiza la Iglesia  en el viernes santo, tenemos la posibilidad de escuchar al pie de la letra las escrituras que detallan lo sucedido hace más de 2000 años.

Cada quien tiene su propia interpretación, la que nos inculcó nuestra familia, la que nos enseñaron en nuestro colegio… en fin, cada persona define con su propio criterio, el paso anual por este importante y vital espacio de reflexión.

Con gran tristeza encuentro que la semana santa se ha convertido únicamente en el “primer periodo vacacional del año”, olvidando su importancia en la conformación del ser humano completo que se une íntimamente a su propio Creador. Y no es que esté en contra de que la familia busque un espacio de descanso y convivencia tan necesario, simplemente considero que esta semana se debe vivir de manera diferente, buscando siempre un lugar para la reflexión en familia, asistiendo (así estemos en una playa o en un pueblo pintoresco…) a un lugar que nos sirva para llevar a cabo un encuentro con el Dios que se entregó por nosotros hace más de 20 siglos.

Desde mi muy personal punto de vista, la semana santa es la oportunidad que se nos ofrece cada año para ejercer un verdadero cambio de esas cosas de las cuales no nos sentimos tan orgullosos. Comienza con una preparación de 40 días que nos ayudan a reflexionar sobre esos aspectos personales que debemos mejorar por nuestro propio bien, y el de los que nos rodean. Durante la semana mayor, logramos que esos puntos a mejorar mueran en nosotros, renaciendo un hombre nuevo y diferente, que ha sido capaz de aceptar sus errores para convertirlos en experiencias de vida, por medio de la ayuda del Ser Superior.

Cada persona vivió de una u otra forma esta semana de descanso o reflexión, o ambas; cada quién decidió si tenía un encuentro consigo mismo o con su Creador… cada quien debe ser capaz de asumir su propia existencia basada en la creencia o no, de quien nos tiene en este mundo. Lo que si estoy convencido es que para los que nos consideramos Católicos es una obligación vivir la Semana Santa como una oportunidad de mejora, donde experimentemos nuestra existencia como una alternativa constante de cambio hacia la construcción del ser humano que el Padre esperó de nosotros, con la disposición y entrega de ser capaces de decir al mundo que somos discípulos suyos, y que aunque imperfectos, aceptamos la imperfección y la asumimos como un reto personal de mejora, en la construcción de ese hombre que entiende su posición y tarea, en el camino de la vida.

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