NUESTROS TEMORES: NUESTROS OBSTÁCULOS.

Cuando vemos la televisión, nos encontramos con publicidad de gran creatividad y una calidad de producción impresionante. Son muchos emotivos, que hasta a algunos de ellos, nos provocan un nudo en la garganta, otros más cómicos nos arrancan una carcajada; en fin, hay de mucho y con enorme ingenio…

De forma particular, me encantan los reflexivos: esos que nos dejan pensando sobre el mensaje que tienen como objetivo despertar en nosotros… de éstos, me llama la atención uno en particular: un spot televisivo que anuncia cierta marca mundialmente conocida de whisky, que más allá del producto que promociona, destaca el mensaje que lleva consigo: el miedo a compartir, a dar, a emprender, a desprendernos de algo que consideramos valioso, por temor a perderlo, a ser juzgados… a sufrir.

Es ahí en donde nos damos cuenta de que en realidad, la mayor parte del tiempo somos nosotros mismos quienes ponemos los obstáculos que nos impiden amar y ser amados, crecer, destacar, obtener ese éxito tan deseado.

Desde siempre, en muchos hogares del mundo, la educación que se recibe desde niños es la de sobreproteger para evitar daños físicos y emocionales en nuestros hijos: esa gran burbuja que repele golpes, rasguños, puede repeler también grandes aventuras y emocionantes juegos. Ese candado que evita abrir la puerta a decepciones y frustraciones, evita además el aprender, el saber competir y perder. Esa cuerda que ata travesuras, demasiado desorden, e hiperactividad, lamentablemente puede atar también a la creatividad, la confianza en sí mismos, el inquietarse al éxito.

Es normal que nosotros como padres, deseemos para nuestros hijos sólo felicidad y bienestar, pero a veces, el exagerar y ser tan prohibitivos puede ser negativo, pues además del entorno familiar, el ser humano interactúa en una sociedad que en ocasiones, emite el mismo mensaje.

Crecemos en un mundo que limita, prohíbe… y eso tiene consecuencias en el futuro de esos niños que son reprimidos, que son castigados, que son educados por el miedo y no por convicción.

Generalmente, esos niños crecen y se convierten en adultos temerosos, que se conforman con lo que pueden obtener sin arriesgar mucho, esos que encuentran en lo desconocido sólo miedo, y no una oportunidad para soñar, para tener esperanza.

Lamentablemente, la vida nos pone demasiados retos a los que debemos enfrentarnos, a los que tenemos que vencer… pero también, esos retos que parecen ser sólo obstáculos, en ocasiones son oportunidades, de las que de nosotros depende, si las aprovechamos o no, si las vivimos para aprender, para obtener algún beneficio.

Miedo a trabajar en equipo porque esto requiere compartir ideas.
Temor a emprender algo nuevo porque hay que arriesgar.

Negación a ilusionarnos, a soñar… a creer que algo es difícil de alcanzar pues así nos lo han hecho saber.

Precaución por expresar y demostrar nuestros sentimientos por creer que se aprovecharán de nosotros.

Pero… ¿Por qué nos permitimos hacernos daño nosotros mismos? ¿Por qué nos lo permitimos y además lo inculcamos en nuestros seres queridos? ¿Para qué?

Veamos en las travesuras de un niño, en su inocencia, las habilidades que lo llevarán al éxito… eso que hace que ensucia, nos molesta, hace ruido, puede darnos a conocer, en lo que puede destacar cuando sea grande.

Creamos en las capacidades y habilidades que tenemos, que tiene nuestra familia, nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestras amistades.

Con responsabilidad arriesguemos… soñemos y actuemos.

Ser felices, destacar profesionalmente, parece una misión imposible, cuando en realidad debería ser algo más sencillo, pues en nosotros mismos está esa fórmula que determina nuestro destino.. así de simple.

M.D.A. JUAN CAMILO MESA JARAMILLO
rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

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