UN, DOS, TRES, A LLORAR OTRA VEZ.

Cada vez son mas frecuentes los infartos debido a niveles elevados de estrés. Entre la mala alimentación y la presión por sacar la “papa” del mes, México ocupa el segundo lugar mundial en muertes por problemas cardiovasculares.

Y es que el vivir para trabajar se ha convertido en la ley de la mayoría de los que “sufrimos” el actual siglo de la “post modernidad”.

Con mayor frecuencia en el mundo actual, las políticas neoliberales han alejado a las mayorías de una supervivencia digna, arrinconándolos cada vez más, a la simple supervivencia del día a día.

La pirámide económica mundial, se reduce en su piramidión, dejando la mayor concentración de dinero en unos cuantos personajes que acaparan el mayor porcentaje de los recursos económicos del planeta.

Casos como los de algunos países de África y América nos llenan de profunda tristeza, encontrando que cada día son mayores y vergonzosas las diferencias entre los países pobres y las superpotencias mundiales.

México por ejemplo es toda una contradicción. Encontramos que más de la mitad de su población es considerada pobre y sin embargo somos el segundo país del mundo con mas número de aviones particulares en relación con su número de habitantes.

Definitivamente nuestra responsabilidad es mucha; aunque es perfectamente entendible que nuestra principal tarea sea tratar se sobrevivir con nuestra familia, dejando a un lado los problemas y carencias que pudiesen tener los que nos rodean.

Cada día tenemos un compromiso en cuanto a lograr que quienes están a nuestro lado, vean en nosotros personas capaces de aligerar la carga que soportan en su diario acontecer.

En países como el nuestro es difícil preocuparnos por la felicidad y tranquilidad del otro, ya que comúnmente estamos inmersos en la solución de nuestras inquietudes, pero cualquier sonrisa que salga de nosotros ayudará al “vendedor de rosas” o la niña del semáforo”, a sentirse parte de este mundo y no ajenos a un territorio de dolor y carencias que por coincidencia del destino, han tenido que vivir.

Si realizamos un resumen muy global encontramos en la actualidad un mundo divido en dos. Por un lado la opulencia que en ciertos casos insulta, capaz de un derroche que no logra llenar los vacíos de infelicidad; y por otro lado un dramático incremento de seres humanos que no logran, ni siquiera, su mínima supervivencia diaria.

La clave de reorganización del mundo esta lejos de encontrarse. Gran parte de África por ejemplo, se ha convertido en el espacio publicitario de unos cuantos actores famosos y políticos sinvergüenzas, que ven en el sufrimiento del continente negro, la posibilidad de darse a conocer, o de aumentar su popularidad. Para mi es bastante grotesco ver como las “contratadas cámaras” siguen a estos famosos en sus giras, y presentan su entrega de “limosnas” como cuando damos un cacahuate a una especie del zoológico.

La verdad nos falta mucha entrega y compromiso con nuestra sociedad. Si bien nuestra profesión u oficio se convierte en nuestro modo de vida, realmente tenemos que “romper la burbuja” y hacer algo por la gente que nos encontramos en nuestro camino.

No se trata pues, de simplemente entregar las sobras que caen de nuestra mesa, sino más bien de un compromiso de escucha y apoyo a quienes nos rodean.

¿Sabemos del sufrimiento de la anciana de la esquina?, ¿Conocemos de las inquietudes del jardinero de nuestra empresa?… Ellos también son parte activa de esta sociedad injusta que los ha ubicado en una posición de sumisión y escasez…

De nosotros será la responsabilidad de mirar alrededor y aportar a los demás nuestro espacio de escucha y apoyo. De nosotros será la gran responsabilidad de enseñar a nuestros hijos sobre el valor de la humildad, sobre la entrega desinteresada, y sobre todo, de la capacidad de entender un mundo de desigualdades e injusticias que en muchos países del mundo ya ha tocado fondo.

Miles de niños que mueren de hambre, prostitución infantil, pornografía, guerrillas, delincuencia, etc., etc. Todas situaciones generadas por la intolerancia y la falta de lógica. Todas generadas por la angustiante necesidad de atiborrar dinero en un banco.

Quizás no somos culpables de tales desórdenes. Cada que prendemos la televisión, asistimos al cine, o entramos al Internet, encontramos que para ser feliz y exitoso, hay que ser rico. Acumular bienes pareciera la única manera de encontrar eso que muchos creen que es la felicidad. La tristeza está, en darse cuenta que cada bien adquirido, aleja a este sencillo término de nuestras vidas, por que si bien el consumismo nos hace parecer completos y seguros, la verdadera felicidad se esconde en la sonrisa del niño de la esquina con el que bromeamos; la felicidad se amalgama con la palabra de aliento en el dolor de nuestro compañero de oficina. La felicidad se ríe a carcajadas cuando es mas importante compartir una tarde con los niños huérfanos, que con la cervezas de la noche.

El mundo es un regalo divino. Se nos entregó para que utilizáramos nuestro libre albedrío. Nos hemos equivocado a través de los tiempos. Hoy tenemos un mundo vergonzoso que escuda su pestilencia en el supuesto desarrollo que logrará un futuro equilibrio…

La responsabilidad es nuestra. La obligación de cambiar el rumbo es de todos. Será importante que cada quien revaloremos nuestro papel en la historia para al fin de cuentas, entender, cual debe ser nuestra posición y nuestra aportación al momento histórico que nos ha tocado habitar.

Leave a Reply