OJALÁ QUE LLUEVA… O MEJOR QUE NO.

Que increíble, sufrimos por el agua y “no queremos que siga lloviendo”.

Y es que la mayoría de los pronósticos de especialistas nos presentan un panorama complejo para México y por supuesto para Aguascalientes en el tema del vital líquido, pues según los estudios en nuestro estado hace 30 años existían una buena cantidad de ojos de agua, hace 15 años excavábamos pozos a 70 metros de profundidad, y hoy perforamos pozos de hasta los 550 metros de profundidad.

La realidad es que el principal problema de nuestro estado a largo plazo será el agua, eso no es un mito, lo preocupante es que en la actualidad aún no hemos iniciado con las medidas drásticas que nos ayuden a alargar la vida de nuestro manto acuífero.

 

Por otro lado está el cambio climático. Ese incremento de la temperatura del planeta que nos está llevando a inviernos más fuertes y veranos más cruentos, y a la trasformación radical de la vida de muchas especies y a la desaparición de otras.

Debido a este cambio, considero yo, es que en Aguascalientes hemos vivido importantes  alteraciones en nuestros tradicionales periodos de invierno, verano y lluvias, como lo experimentado a inicios del mes de marzo de este año donde los ciudadanos percibimos como el evento con más cantidad de agua en la historia reciente de nuestro estado.

Ese evento nos presentó un Aguascalientes que no está preparado para las lluvias constantes. Prácticamente todas las vías presentaron inundaciones por falta de colectores pluviales y pendientes adecuadas, además de que se destruyeron los pavimentos en ciertas áreas, como el municipio de Jesús María, donde muchas calles quedaron prácticamente inutilizables.

 

Sin ser especialista, creo que el cambio climático nos llevará a transformaciones importantes en todas las regiones del mundo, pues en las zonas donde hoy llueve mucho, quizás lleguen a ser inhabitables, pues las inundaciones constantes terminarán por alejar a los habitantes.

 

Por otro lado, y dentro de mis predicciones positivas con la relativa ignorancia del desconocimiento científico, está que las áreas semidesérticas en la actualidad (Aguascalientes, por ejemplo), gozarán de la cantidad de lluvias que le permitirán cambiar su fisionomía y sus condiciones para convertirse en lugares mucho más frescos, con ríos y quebradas con constante fluido de agua y con una fisionomía verde, como la que hoy podemos disfrutar en las planicies del estado de México por ejemplo.

Dentro de un panorama ideal como este, el agua no será el problema, pero sí, el manejo de la misma, pues si con 4 días de lluvias constantes la ciudad se nos “desarmó”, no me imagino que pasaría con periodos largos de lluvias como hoy ocurre en ciertas zonas del planeta.

 

El cambio climático es una realidad. Una realidad que quizás los actuales adultos no suframos, pero lo que sí es seguro, es que nuestros hijos recibirán las consecuencias de lo que hicimos y dejamos de hacer nosotros.

Ojalá comencemos a pensar a futuro, con estudios reales y no con mis predicciones positivas. Aguascalientes es grande, enorme, pero su “gran problema” es el agua y si no hacemos nada por ella, seguramente estaremos condenados a desaparecer si se nos acaba, o a sufrir una ciudad destruida e inundada, si nos cambia el panorama ambiental.

 

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx

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