NUESTROS HIJOS, UN TESORO QUE ESTAMOS OLVIDANDO

El mundo globalizado nos ha llevado a vivir “de carrera” cada día, en una competencia por lograr los estándares que añoramos tener y que la sociedad y medios de comunicación, nos marcan como “ideales”.

En medio de esta “competencia” contra los demás y contra nosotros mismos, nos encontramos con gran cantidad de familias que terminan separándose por incompatibilidad de caracteres o por no ser capaces de mediar ante las situaciones cotidianas. En medio, los hijos, esos seres maravillosos a quien decimos amar con todas nuestras fuerzas.

En nuestro país cada año tenemos 600 mil matrimonios y cerca de 70 mil divorcios. Nuestro Aguascalientes se encuentra al doble de la media nacional.

Hoy los niños y jóvenes viven un momento complejo en el seno de sus familias, ya que por un lado está la fragilidad de los padres como pareja, y por el otro se encuentra la carrera que nos exige cada día el trabajo, dejándonos muy poco  tiempo para la crianza.

Ante los escasos momentos que como padres tenemos con nuestros hijos, terminamos llenado sus vidas con cuestiones materiales que dan alegría momentánea, pero nunca una felicidad plena.

Desde mi punto de vista nos estamos equivocando, pues terminamos pretendiendo que su formación la adquieran en los colegios o con sus amigos… o en el peor de los casos, en lo que ellos van encontrando en Internet.

En los veinte años que me he dedicado al proceso educativo (desde el maternal hasta el doctorado), siempre he considerado que el 90 por ciento del éxito en la formación de los hijos corresponde a las familias, y el restante a la instrucción en los colegios. No podemos pretender que los valores y hábitos se adquieran en la escuela, cuando en casa no los fomentamos.

Recordemos que un niño primero aprende de lo que ve, luego de lo que le dicen otros que no son su familia, y en último lugar, de lo que les dicen sus padres.

Es imposible que un joven aprenda en su escuela del respeto cuando en su casa el padre  a diario irrespeta a su pareja.

El tema se complica, cuando les facilitamos todo a nuestros pequeños, pues los vacíos de amor y formación, los llenamos con artículos que los aíslan del calor familiar y de la instrucción que requieren para cimentar los principales aspectos de sus vidas.

Definitivamente debemos educar a nuestros hijos con abundancia de amor y con un poco de carencia material. No tenemos que estar horas y horas con ellos, simplemente que los momentos que tengamos, sean de calidad, de profundidad, de entendimiento de sus vidas, siempre valorando sus situaciones con la importancia que merecen.

Ojalá que nuestros “afanes” del día a día no nos alejen de quienes más nos necesitan.

Niños y jóvenes hoy claman por padres de familia que les regalen momentos maravillosos, esos instantes que se gravan en la mente pero sobre todo, en el corazón.

rectoria@ucuauhtemoc.edu.mx